Se le ilumina el rostro al relatar historias de su querido Puerto Antequera y la casa paterna, ubicada casi sobre la barranca misma -de casi 7 metros de altura- del majestuoso río Paraguay, desde donde el paisaje chaqueño aparece ante el espectador con toda su belleza y vastedad, y claro que están a la orden del día las anécdotas relacionadas a incontables jornadas de pesca y también de cacería.
Inevitablemente, el río Paraguay, interminable y eterno, está –si no en el centro- por lo menos presente de alguna forma en cada historia. En aquel entonces, además de ser la principal vía de comunicación a Concepción y otras localidades –río arriba- y a Asunción y demás localidades río abajo, proveía a los pobladores de Puerto Antequera y a todos los ribereños de inagotables cantidades de pescado fresco.
Es importante destacar que, en ese tiempo, para el paraguayo en general, la pesca como medio de subsistencia no estaba muy bien vista. El hombre “que se preciaba” era “mariscador”, es decir cazador, sea para consumir la carne de las presas cobradas y/o para comercializar la misma y las pieles. La pesca era cosa de los indios y de los haraganes, no requería mucha ciencia ni esfuerzo. Y la fauna ictícola era tal, que se podía acceder a una presa u otra sencillamente, optando por la carnada indicada. El dorado se obtenía a partir de ensartar una rana viva al anzuelo; el pacú, tentándolo con un trozo de fruta o queso fresco; el surubí se conseguía con carnada fresca obtenida del mismo río y la plomada correcta. Así de fácil era todo, y se pescaba alegremente como si aquello no fuera a terminar nunca.
Estudios recientes revelan la limitada cantidad de agua que existe en el mundo actualmente en comparación al volumen terrestre. La sobreexplotación del agua genera inquietud en varias regiones del globo mientras a nivel local, el problema –aunque por suerte no llega a la dimensión de otras regiones- es apenas abordado y sin la preocupación necesaria.
Hace un par de décadas nos enseñaban en las escuelas que el líquido vital era un recurso renovable, a través del ciclo de lluvias y filtración natural que ayudaban a recargar las fuentes de agua y limpiar la misma. Hoy, ante el aumento de la demanda y el uso irracional del sector productivo, surge el concepto del agua como “recurso no renovable”.
En Paraguay, quizás uno de los países más irrigados del mundo por la relación superficie/cursos de agua, tenemos además la situación de exceso de agua de lluvia (forma en que se recargan las fuentes), pero carecemos de una política de manejo del agua, y gran parte de la población directamente no tiene idea del uso correcto del líquido vital.
En el caso de nuestro país, la abundancia –sí, la abundancia- es el problema. Generaciones enteras observaron cómo la basura –sencillamente- se arrojaba a los cauces hídricos, a los que eran vertidos igualmente agua sucia y/o contaminada usada para los más diversos fines, sin un mínimo de tratamiento previo, y estas prácticas subsisten hasta ahora. En un seminario técnico relacionado a bombas de extracción de agua –utilizadas en pozos artesianos- un experto boliviano les decía a sus colegas paraguayos “ustedes desperdician el agua, en Bolivia es hasta un tema social desde hace siglos, aquí el oro fluye en forma líquida y a ustedes les da igual”.
La falta de conciencia sigue siendo un factor determinante, y es que en casos como el de nuestro país, donde es relativamente fácil para gran parte de la población el acceso al agua, existe poquísima instrucción sobre cómo cuidarla. Así, la contaminación de los recursos hídricos es una constante, se suma al problema el hecho que, contando con tres de los acuíferos más importantes del mundo: Patiño, Guaraní e Yrendá, al renovarse los mismos por las lluvias, y encontrarse –como es el caso del Patiño- ubicado debajo de la superficie de los Departamentos Central, Cordillera y Paraguarí, el manejo inadecuado de pozos sépticos y aguas remanentes de procesos industriales, hace que la contaminación llegue a los mismos.
El acuífero Guaraní, reserva de agua dulce concentrada en un millón 200 mil kilómetros de extensión y que representan unos 55 mil kilómetros cúbicos, de los cuales una parte importante se encuentra bajo la superficie de suelo paraguayo, aún no está sometido a un peligro considerable, no obstante puede haber casos puntuales de contaminación por fertilizantes agrícolas. Siendo una fuente de agua subterránea prácticamente no explotada por nuestro país, sí se encuentra en la mira de otros, que se instalan y tienen o pueden llegar a tener acceso al mismo a través de empresas que adquieren extensiones importantes de tierra, con una visión a futuro sobre esa riqueza inconmensurable bajo la superficie; visión y oportunidad que el Paraguay, lastimosamente, no tiene hasta el momento.
Las enormes ventajas que nos representan los cauces de agua fueron bien utilizadas con la construcción de la represa de Acaray, primero, y Yacyretá e Itaipú después, y significan sin dudas oportunidades que aún no están siendo aprovechadas en toda su capacidad. También, el acueducto del Chaco, a pesar de avanzar entre mil pulseadas de tinte político, significa una solución para los problemas de faltante de lluvias para una amplia franja de tierra ubicada entre Puerto Casado, Departamento de Alto Paraguay, hasta Loma Plata (Boquerón), resaltando que varias comunidades indígenas, históricamente relegadas, pueden acceder ahora a este recurso vital.
Y mientras el tío Juan continúa con sus historias que los nietos escuchan atentamente, sobre ríos de aguas limpias en donde los peces literalmente saltaban a la embarcación del pescador de tanta cantidad que había, continuamos sin animarnos a tomar decisiones “políticamente incorrectas” y en un estado de atraso que hasta avergüenza, al no contar con una política definida y en desarrollo en relación al cuidado y tratamiento de las aguas, disposición de alcantarillados sanitarios directamente en los cauces, filtración de productos agroquímicos en las aguas subterráneas, respeto de las épocas de desove y protección de las cuencas donde crían los peces: Estamos perdiendo tiempo valioso, pero aún estamos a tiempo de reaccionar.