La expresión de Diego al cruzar la meta era indescriptible... una mezcla de alegría, triunfo, esfuerzo y muchos otros sentimientos. En un instante, todas esas emociones se reflejaron en su rostro, en el de su acompañante y otras personas que observaban la escena. Diego llegó a la meta de Carrerí, después de haber recorrido 2000 metros en su silla de ruedas.
En los últimos días tuvo mucha repercusión la noticia de que varios paraguayos que viajaron para combatir, ya sea en filas de Rusia o de Ucrania, están reportados como desaparecidos desde hace meses. Así, lo que empezó como una oportunidad laboral bien remunerada terminó convirtiéndose en una angustia que hoy golpea a sus familias y también a todo un país.
Desde que tenemos memoria, el fenómeno de las fotos acompaña los acontecimientos sociales como parte integral de los mismos. Hoy, ya todo es mucho más sencillo: Apenas juntado el grupo, se levanta el teléfono y dispara una fotografía. Después de esto viene la publicación en las redes, y así, la imagen ya no solo perpetúa un momento; también deja constancia de que uno estuvo allí, a todos los efectos imaginables.
Terminó el Mundial, y nos dejó un montón de sensaciones. Sensaciones que, claramente, tendrán mucho que ver con la posición desde la que cada uno de nosotros vio y vivió el torneo. Sin ninguna duda, una fiesta inolvidable; compuesta a partir de una sucesión de alegrías, sorpresas, frustraciones y también polémicas.
El genial periodista, escritor, poeta y crítico social uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) recordaba en su libro Patas arriba: La escuela del mundo al revés una frase escrita en algún muro de América Latina: “Hay un país distinto, en algún lugar”. Como que está, pero debemos encontrarlo. Ese país que queremos, donde las cosas funcionan mejor y el bienestar de las personas es una prioridad.
Qué deporte tan lindo… y extraño también. Tanto ya se dijo y analizó, pero seguimos sin entender realmente cómo es que mientras veintidós tipos corren detrás de una pelota, millones apenas respiran mientras festejan sufren, discuten y hasta se agarran a trompadas. Todo al mismo tiempo. Un fenómeno social que genera enorme expectativa colectiva.
Apenas anunciada la ceremonia de apertura del Mundial, surgió el debate en torno al tema: ¿El Himno Nacional paraguayo debía cantarse en castellano o en guaraní? Desde ambos lados surgieron apasionadas opiniones. Qué bueno que haya sido así, porque justamente esos sentimientos tienen que despertar los símbolos que nos representan.
Cientos de miles de paraguayos acudieron ayer a las urnas para votar en las elecciones internas municipales de los principales partidos políticos. Así, eligieron candidatos a intendentes y concejales para los comicios municipales generales del próximo 4 de octubre, y en algunos casos también autoridades partidarias. Ocurrió lo de siempre: Tuvimos ganadores y perdedores, festejos, uno que otro desubicado buscando notoriedad y mucho análisis. Pero lo más importante, hubo una decisión colectiva expresada a través del voto.
Algunos carteles uno apenas los registra. Están ahí, ocupando espacio, buscando la atención de la gente y colaborando, en directa competencia con los cables, con la polución visual que casi ya forma parte de nuestro paisaje. Hasta que de repente, aparece alguno que sí nos llama la atención.
