Tenemos por delante la oportunidad, en abril, de renovar los poderes del Estado situando en ellos a personas mejores de las que los han ocupado en los últimos años, una chance que no todas las comunidades del planeta tienen y de la que deberíamos sentirnos muy satisfechos.
Hay asuntos sobre los que tenemos puntos de vista contrapuestos, o diferentes, y la democracia se trata de no resolver esas cuestiones a balazos, sino mediante votos que determinen cuáles de esos puntos de vista deberán ser priorizados por tener el apoyo de suficiente mayoría.
No es “la mayoría manda”. Es la mayoría prioriza sus puntos de vista, pero los demás pareceres mantienen su derecho a existir y a buscar el futuro apoyo de las mayorías.
A veces perdemos de vista que una sociedad libre, como queremos ser los paraguayos, consiste, principalmente, en la convivencia plural y diversa de todos. No siempre armoniosa, pero siempre respetuosa.
Por eso, exactamente por eso, la libertad de expresión es la primera y principal libertad y por eso, nuestra Constitución, ordena que no se dicte ninguna ley o norma que la restrinja en manera alguna.
Asuntos internos y externos dividen nuestras posiciones ahora y seguramente por un buen lapso de 2023: Seguir o no seguir siendo el país del contrabando; seguir o no seguir siendo centro de operaciones de las organizaciones criminales; seguir o no seguir brindando impunidad a quienes roban dinero del pueblo; alinearnos o no alinearnos con el proyecto autoritario y mesiánico de la Unión Europea; mantener o no mantener la profunda influencia de Estados Unidos en nuestra estructura institucional; bajar o no bajar el precio de nuestra energía y así numerosas disyuntivas.
Cada una de ellas tiene consecuencias en nuestro bienestar, en nuestra oportunidad de lograr más riqueza para todos, o menos; pero ninguna de ellas debería conducirnos a quedar incapacitados de escuchar, y tratar de entender, a quienes difieren con lo que creemos correcto.
Desde hace treinta años, buenos treinta años, los paraguayos hemos abordado problemas tan difíciles como los mencionados sin recurrir a la violencia. Es un paso cualitativo enorme, una disrupción descomunal con nuestro ensangrentado pasado.
No es verdad que nos queremos todos. Pero sí puede ser verdad que nos respetemos todos. El mundo, que parecía hasta hace poco encaminarse a una era dorada de colaboración, es hoy un lugar peligrosamente crispado.
Que 2023 nos encuentre a los paraguayos plenamente conscientes de lo que debemos evitar para ser arrastrados desde afuera, que todos podamos disfrutar de salud y prosperidad. Feliz 2023!