La “nueva frontera”

“El Chaco paraguayo es la nueva frontera”, afirmaba hace pocos días el embajador de la Unión Europea (UE) en Paraguay, Javier García de Viedma. Si bien para muchos chaqueños eso no es un secreto, para el Paraguay de la nueva generación, el Chaco tiene tintes insospechados que van más allá de los relatos extraídos de libros de historia, de batallas en lejanos fortines y parajes salvajes.

El Chaco sigue siendo el mismo en materia de lejanía, calor y dificultades climáticas, pero hoy día es un territorio transformado.

Nada fue fácil. La primera ola migratoria de germanodescendientes, conocidos como “menonitas”, se topó con un Chaco tan hostil en 1927 que inmediatamente lo bautizaron como el “infierno verde”. Y no se equivocaron, fueron tantas las dificultades que encontraron que muchos decidieron volver, pero el grupo que se quedó y los muchos otros que después llegaron, tuvieron que sortear la falta de agua, el calor extremo, enfermedades, carencias de todo tipo siendo casi olvidados por el Estado que poco o nada invirtió en la zona por décadas.

Sin embargo, la redención llegó con más de 2.000 millones de dólares invertidos en obras con el Gobierno saliente, que bien o mal, parcharon la enorme necesidad de desarrollo con la que el 3% de la población en esta zona lidiaba. Hoy el Chaco es accesible, atractivo y próspero. Es la nueva frontera de muchos que antes no se hubieran animado a visitarlo o menos invertir, pero el desafío sigue y toma otras proporciones. Hoy en el Chaco florece lo que fue plantado entre espinas.

Pero, entre otras cosas, el desarrollo social aún es básico, las grandes obras dejaron un gran porcentaje de población que no tiene los recursos para aprovechar las inversiones viales, las instituciones básicas del Gobierno como el Indi, ni siquiera hacen oficina permanente aquí y aún persiste eso de que “hay que ir hasta Asunción” para hacer muchos trámites importantes. Por más que haya trabajo para el que lo busque, urbanísticamente buena parte del Chaco se ve en aprietos para absorber a las centenas de personas que se mudan cada año y el alquiler es muy caro.

De la integración entre las culturas menonita, latina e indígena hablaremos otro día. De momento, el Chaco necesita crecer bien, sumarse al desarrollo y aprender a solidificarse en esta etapa que, bien hecha, puede ser su era dorada.

natalia.ortiz@abc.com.py

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