Parece de película, pero esto pasa en un país que no es serio. Donde los delincuentes son los que mandan y no las instituciones legalmente constituidas para estos casos. Barchini, un nefasto personaje de la era stronista, tuvo miedo de llegar a conversar con los presos ya que los considera peligrosos. El mismo que al ser designado por Santiago Peña dijo que copiaría el modelo de Bukele de El Salvador. Yo creo que si era Bukele, iba directo al Penal para poner un estate quieto a los carceleros sin dejarse intimidar por los bandidos. Esa es la diferencia, de un país como El Salvador que su Presidente sabe cómo resolver estos asuntos y tiene muy clara la película. Todos sabemos cómo Bukele hizo que la nación más insegura de Centroamérica redujo drásticamente el nivel de delincuencia metiendo preso a los indeseables. Estos construyen sus propios techos y producen sus alimentos. Eso mismo hay que copiar llevando a los reos al Chaco para que se desintoxiquen de las drogas al aire libre organizando sus granjas y producción de alimentos. Claro, acá es un poco difícil, porque ya aparecerán Kattya González o Celeste Amarilla, con el cuento de los Derechos Humanos, y la sociedad, una vez más quedará indefensa en manos de los delincuentes. Acá tienen derechos los bandidos y la ciudadanía nos quedamos indefensos e impotentes.
Lo sucedido en Tacumbú, que quedó a cargo del Clan Rotela pinta de cuerpo entero lo que ocurre en toda la geografía nacional. Asalto, Crímenes, robos, son el pan de cada día y nadie hace nada, La inseguridad crece y ya no estamos tranquilos ni en las calles, las casas y los negocios. La Policía dice que se encuentra atada de pies y manos, sin poder hacer nada. Llevas tu denuncia a la Fiscalía y el proceso dura mucho tiempo. Por ahí, si atrapan al ladrón, viene un defensor público a soltarlo o le otorga medidas sustitutivas a la prisión, un Juez Penal de Garantías. Es que las cárceles están abarrotadas y no hay lugar para los malvivientes.
No tenemos solución entonces. A la hora de pedir votos prometieron el oro y el moro. Barchini y Riera hablaron de terminar con la inseguridad. Los siete millones de habitantes del Paraguay tenemos que salir a las calles a manifestarnos y exigir que cumplan sus promesas. El país completo está manejado por ladrones, criminales y narcotraficantes. La corrupción se ve en las más altas esferas y si los que están arriba no ponen el ejemplo de honestidad, los que están abajo también roba lo que puede. Con la diferencia que los peces gordos tienen comprados jueces, abogados y fiscales. El ladrón de bagatelas si para en prisión y no tiene proceso ni abogado ni nada.
La realidad es desesperante para la gente común y de a pie. Vivimos con el Jesús en la boca. No contamos con custodios ni alarmas ni cámaras en las casas. Estamos librados a nuestra suerte sin que las autoridades resuelvan el problema de la inseguridad de todos los días.