Una silla o un país

En el día a día, hay cosas que ya nos pasan desapercibidas, y absurdos que dejan de llamarnos la atención, y se normalizan. El trabajo diario nos absorbe, y la posibilidad de un presente y un futuro mejor se nos pierde de vista.

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Nos parece normal que una niña indígena está mendigando en la ciudad, que se fumiguen escuelas con niños adentro alrededor de un campo, que se gasten millones en una silla para el Congreso, que se vaya la luz cuando llueve o que el hijo de un diputado sin formación cobre más que un docente.

Pero no es normal. Es indignante. Es antiético. Es un absurdo. Y un país de tanta riqueza y potencial como Paraguay, no puede ser, y debe parar ya.

Una silla o una escuela

Por el valor de una silla “de oro” del Congreso, podemos comprar 32 pupitres para una escuela.

Por el valor del salario de un nepobaby, podemos contratar 4 docentes de tiempo completo.

Y por el valor de una computadora del Congreso, podemos comprar 10 computadoras para niñas y niños en las escuelas.

Las prioridades de la clase política actual se dejan ver con claridad, en una ecuación que debemos revertir. Que dejen de primar los intereses corporativos, y prime el interés nacional.

Una historia repetida

Estas mismas prioridades se dejan ver en las actuales negociaciones del Anexo C de Itaipú. Tuvimos una reunión al más alto nivel la semana pasada entre ambos presidentes, sin ningún avance.

Ninguno de los temas claves para el país fueron colocados: utilizar y vender nuestra energía, ampliar los fondos reorganizando la entidad y manejar transparente y soberanamente nuestra parte paraguaya. Nada.

Por el valor de la deuda de Itaipú, 63.500 millones de dólares, se podrían haber construido casi 3 Itaipús.

Por los 4.193 millones de dólares de la deuda espuria, se podrían construir e iniciar 4.000 industrias en el país, con mano de obra local.

Por los 12.163 millones de dólares de lo que aumentó la deuda espuria, y ganó principalmente ELETROBRAS, se podrían haber construido 140 puentes internacionales.

Por los 75.400 millones de dólares que perdimos por ceder la energía y no comercializarla, se podría haber multiplicado exponencialmente el PIB y desarrollo nacional.

Pero nada de esto se tocó. Todo giró, oficialmente, en torno a la tarifa, en una historia ya vieja y repetida.

Pero fuera de lo oficial, lo real es lo que se alza con fuerza, y los intereses corporativos del gobierno de turno giran más en torno a sus negocios ilícitos de frontera y transnacionales, que sobre Itaipú, la tarifa o el bienestar nacional. Y eso también ya está normalizado.

Un narcotráfico, o un país

Debemos despertarnos como pueblo, sacudirnos del hastío y cansancio que nos hace ver normal lo que no es normal, y volver a centrar el debate en nuestras prioridades y el desarrollo nacional.

El narcotráfico, el contrabando y los negocios ilícitos no pueden guiar nuestra agenda país.

Es momento de poner la atención y centrar las prioridades nacionales. Reencausar el debate de Itaipú, y del país, y salir adelante.

*Prof. Denis Godoy, docente, productor, activista por los derechos del campo y los derechos humanos. Integrante de la Campaña Itaipu ñane mba’e / @itaipunanembae

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