Así, cuando un grupo de jóvenes festeja alborozado la clasificación a la siguiente fase de su equipo, comprendemos esa bulla, y al margen de que algunos lleven el festejo a niveles un tanto exagerados, nos alegramos con ellos y hasta podemos llegar a compartir su alegría. Del mismo modo, festejamos los éxitos académicos de un paraguayo en el exterior, haciendo cada uno un poco suya esa victoria. Ese sentir mayoritario está muy bueno y ayuda a la adhesión de la sociedad en torno a valores positivos. Pero también están otros casos, en los que sencillamente no nos podemos explicar la actitud y conducta de la gente.
Desde la semana pasada, la Patrulla Caminera junto a la Policía Municipal de Tránsito de varias localidades iniciaron un operativo de gran envergadura con el objetivo de controlar y multar a los conductores que transiten en forma indebida por las banquinas. Todo esto, ya en vistas al enorme flujo vehicular que se prevé para la Semana Santa próxima y extremar recursos para hacerlo lo más seguro y ágil posible.
Los medios dieron especial destaque a la noticia, que incluía además del recordatorio a la ciudadanía y conductores de las reglas generales de tránsito, un informe relacionado a la gran cantidad de vehículos en infracción que fueron demorados y a cuyos conductores responsables se aplicaron las sanciones previstas en la ley. Hasta aquí, todo bien.
En otros países, conducir sobre la banquina sería algo impensable, casi descabellado. Se da que, desde el momento mismo en que no se incurre en esta infracción, esta señal de respeto colectivo y apego a la legalidad generan una sinergia positiva y colaboran con que a ninguna persona se le pase siquiera por la cabeza hacerlo. En nuestro país, en muchas ocasiones, parecería ocurrir en forma inversa.
A causa de un solo vehículo que empieza a transitar por el costado, muchos otros se le suman, y esto genera que esta práctica se generalice, pudiendo atribuirse en gran medida a la falta de sanciones efectivas. Nadie puede alegar el desconocimiento de esta prohibición, de por sí antigua y más que suficientemente socializada, además de contar con carteles indicadores en cantidad tal que el infractor sabe muy bien lo que está haciendo.
Y algo más, igualmente complicado de entender: son los propios conductores, esperando pacientemente sobre la calzada para poder avanzar quienes, algunos de forma más calmada y otros con ademanes más significativos, señalan a estos avivados su error. Hacer esto, supone el riesgo de ser objeto de burlas e incluso amenazas por parte de estos inadaptados, y no son pocos los casos en que la cosa pasó a mayores.
Volviendo a las notas periodísticas sobre los casos de vehículos retenidos y multados, nos fijamos en los comentarios de los lectores, y sorprende la cantidad de gente que, lejos de apoyar estas iniciativas tan necesarias y beneficiosas para todos, se limita a criticar el accionar de la Policía y la falta de más vías para desplazarse, llegando incluso algunos a justificar la conducción sobre la banquina.
¿Qué es lo que nos pasa? Como sociedad, para interpretar y reaccionar de esta forma ante medidas que son de beneficio público. ¿Cómo es posible que la gente dé ese tipo de respuestas y tenga una actitud semejante? Cuesta entender hasta qué punto llegamos a desapegarnos del respeto a la ley.
¿Qué es lo que nos pasa? Como ciudadanos, cuando observamos cómo alguien reclama justificadamente algo, y lejos de apoyar a esta persona miramos hacia otro lado, llegando incluso a burlarnos de ella. ¿En qué momento nos volvimos tan individualistas y desconsiderados?
Demos la derecha a la PMT y Patrulla Caminera en todo lo que tenga que ver con que hagan respetar los reglamentos de tránsito, y muy bien por aquellas personas que apoyan a las instituciones en el cumplimiento de sus objetivos y tareas específicas. Por otro lado, dejemos de dar espacio alguno a estos pillos que se creen más avispados que todos mientras manejan por la banquina. Para ellos, solamente las consecuencias de sus actos en forma de una soberana multa, como corresponde.