Muchas críticas se hicieron oír por esta nueva iniciativa de Trump. Existe el temor razonable de que sea un instrumento de intervención “legal” de Estados Unidos en los asuntos internos de los países signatarios. De todos modos, salta esta pregunta: ¿Por qué el poderoso país del norte se apoya en países débiles para que le ayuden en la lucha contra los carteles y hacer que las drogas dejen de invadir Norteamérica? La otra pregunta elemental: ¿Cómo los organismos respectivos no impiden, intervienen, persiguen a sus propios carteles? ¿Se sabe de algún narcotraficante nativo que esté preso?
Cualquiera que haya estado en alguna ciudad estadounidense constata que las drogas prohibidas se ofrecen en las plazas sin ninguna molestia policial. Es así que vemos tirados en las calles a las víctimas de tan horrendo vicio. Estados Unidos es implacable con los países que producen drogas –o las dejan pasar por su territorio- y complaciente con sus traficantes.
Después de la firma, Santiago Peña dijo: “Hoy reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable con la seguridad regional y la de nuestro país. En la cumbre Escudo de las Américas encabezada por Donald Trump y junto a líderes de todo el continente concretamos la firma de la Coalición Anticarteles de las Américas. Con este paso histórico, Paraguay asume un rol activo frente al crimen organizado transnacional. Estoy convencido de que un hemisferio seguro es la base para garantizar la paz y proteger el futuro de todas las familias paraguayas”. Hermoso discurso, pero antes que “el rol activo frente al crimen organizado transnacional”, tenemos que atender el nuestro. Un hemisferio seguro es que cada país sea seguro a partir de las medidas que implementen sus autoridades.
Una cosa es la colaboración entre países, “el intercambio de información e inteligencia”, y otra que cada gobierno se ocupe de sus propios problemas. Los nuestros no van a venir de afuera a solucionarlos. El discurso de Peña pierde sentido ante su propio comportamiento. Pensemos que mientras la fiscalía investigaba y luego acusado al senador con permiso, Erico Galeano, Peña se exhibía de brazos con él, jugaba fútbol en Mburuvicha Roga, lo defendía con entusiasmo ante la opinión pública. Y sobre Erico no pesa cualquier delito. Después de muchas vueltas, la justicia le condena a 13 años de cárcel por lavado de dinero proveniente del narcotráfico y pertenecer al crimen organizado. Justamente los delitos que Peña le promete a Trump combatir.
El acuerdo será de imposible cumplimiento para nuestro gobierno. Con la condena que pesa sobre Erico, todas las pruebas que la fiscalía ha presentado, apenas sirven para que el senador cartista consiga permiso hasta tanto quede firme la sentencia. O sea, un cuarto de siglo. A los parlamentarios nada les dice las palabras del fiscal Deny Yoon Pak, refiriéndose a Erico: “En lugar de proteger las legislaciones del país, contribuyó con la asociación criminal para que esta pueda prolongar la asistencia para seguir cometiendo hechos punibles (…) el senador lesionó no solo la imagen del Congreso sino del país”
El gobierno –Ejecutivo, Legislativo, Judicial- en vez de enfrentarse al crimen organizado, le alienta, le deja crecer. Un ejemplo: los intendentes municipales que rapiñan a sus municipios. Se los denuncia con pruebas documentales, se pide la intervención de cada uno de ellos, para nada.
¿Cuál será respuesta de Peña cuando Donald Trump le exija rendición de cuentas?
Sospecho que pronto la coalición será colisión.
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