Hilos del poder

Un audio filtrado de un funcionario de la Entidad Binacional Yacyretá en Encarnación desnudó el mecanismo con el que muchos “hurreros” acceden a cargos públicos en instituciones del Estado. Esta realidad es casi un secreto a voces, pero sigue indignando cada vez que sale a luz la corrupción en la que estamos inmersos a nivel país.

Más allá de hacer un análisis particular y puntual del episodio, esta experiencia nos lleva a pensar si en la función pública, todo depende de decisiones políticas de actores de turno, o si en realidad existen patriotas, expertos, técnicos y especialistas que por méritos alcanzaron buenos puestos en el Estado.

Una respuesta rápida nos la da la realidad de nuestras débiles instituciones. Pero particularmente, he conocido buenos profesionales de calidad, que tras pasar estos primeros filtros, o que sobreviven a la tijera de los políticos contemporáneos, que se ven atrapados en los cargos. Esta lógica atraviesa a los gobiernos locales y regionales. Se trata de una estructura institucionalizada, erigida principalmente por la ANR, pero que es replicada por todo actor que accede al poder, independientemente si son oficialistas u opositores. No obstante, estas prácticas que están normalizadas en el uso de los recursos públicos, genera doble daño en el interior del país, donde la sumisión al poder de turno es mayor y las precariedades y necesidades son muchas más.

Max Weber define el poder como la probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, a pesar de que exista resistencia. Michael Foucault con una vuelta de tuerca a la comprensión del poder, postula que el poder no se posee, sino que se ejerce. Entretanto, para Karl Marx, se trata de la capacidad de una clase de dominar los medios de producción, que a su vez crea verdad y saber, más que solamente prohibir.

Entender cuáles son los mecanismos con los que opera el poder nos permitirá deconstruir lo que aprehendimos sobre nuestra propia realidad. También, con esta consciencia constatar cuáles son las herramientas que tiene “el común”, en contra de las estructuras y de las instituciones.

Partir de que no es normal que una afiliación al partido hegemónico de turno signifique acceso a salud, educación y oportunidades laborales, es sin dudas un paso gigantesco para buscar un cambio en la administración de los bienes que son de todos. A partir de ahí, ¿qué más podemos hacer?

Es importante dar cuenta de que el poder es una relación dialógica, es decir, donde hay un “opresor”, existe un “oprimido”. Mientras sigamos sometiéndonos al poder y aceptar una realidad que conviene a los politiqueros de turno, contribuiremos a que todo siga igual. Hay que demostrar que podemos dejar esa lógica de “conseguir un cargo”, a cambio de apoyar a actores que solamente quieren desangrar las arcas del Estado.

sergio.gonzalez@abc.com.py

Lo
más leído
del día