Gastemos más en políticos y no en niños

Gustavo Leite, embajador particular de “don Horacio” en Estados Unidos, se preguntó: “¿Por qué tenemos que gastar plata en los niños y las familias?”. Sí. Para qué gastar en niños. Invirtamos en políticos, honorables, heroicos ciudadanos. ¡Viva Rivas! ¡Viva Erico! Disfruten del permiso que les otorgaron por tanto esfuerzo en favor de la patria.

Gracias, señor embajador, por iluminarnos, por hacernos ver con claridad el futuro sobre la base de los defectos y las virtudes del presente. La patria necesita ahorrar dinero. Y, como usted bien dice, “Los niños no están para que el Estado los eduque; a los niños los tiene que educar la familia”. Esto queda claro. Hagan patria: cierren escuelas públicas. Niño que quiera estudiar, que pague. Y si no tiene familia, que se las aguante.

El Estado necesita ahorrar dinero para que el Gobierno invierta con puntualidad en el bienestar de los políticos, que bregan incansablemente por la grandeza nacional con un denuedo que nos conmueve. En verdad, no se cansan nunca. Y no es como dicen algunos periodistas irresponsables, esos que difaman a voz de cuello y en sus pestíferos escritos inventan que “los políticos no se cansan de robar”.

Y también hay que darle una enérgica advertencia a ese ministro Enrique Riera, quien sostuvo que la corrupción se lleva 6 millones de dólares al día. No puede ser. Jamás. ¡Ni nunca!, como dice el uruguayo Horacio Quiroga en uno de sus cuentos en que utiliza el lenguaje bien paraguayo.

Basta de agoreros. Hay que aplaudir la decisión del superior gobierno de destituir a ese doctor Carlos Morínigo de su alto cargo en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (Ineram). Quién se cree él para denunciar la carencia de insumos y medicamentos y el abandono de la salud pública por parte de las autoridades. El Estado no tiene por qué gastar en niños ni en enfermos. Hay otras prioridades. No se puede perder tiempo en asuntos secundarios.

Los medios de comunicación irresponsables y antipatriotas dieron, por ejemplo, amplia cobertura a dos casos insignificantes en el IPS: a don Ramón Samudio —que en paz descanse— le amputaron la pierna sana, y a una dama le extirparon la mama que no debían de extirpársela. Errar es humano, demasiado humano. ¿Es tan difícil de entenderlo?

Dejen de gastar en niños. Compren medios de comunicación e influenceres —como hacen hoy ese banco “nuestro amigo” e Itaipú— para que la verdad aflore diáfana sobre la mentira.

Hay que enfrentar a la mentira. A la mentira instalada por los medios cachafaces, por ejemplo, contra ese tan buen muchacho que es Hernán Rivas. Un joven que adora a “don Horacio” y que para tener su título universitario viajaba 700 kilómetros diariamente. Esfuerzo sobrehumano. Y le exigen que cite compañeros. Cómo podría hacerlo si le tomó un surméenage de tanto viajar y estudiar.

Invirtamos en política. Por más Hernán y más Erico. Los niños… que aguanten. Sí, señor Leite.

nerifarina@gmail.com

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