Y, aprovechado, feliz día a los periodistas conscientes de que su oficio es un servicio público y no un carrusel narcisista ni un negocio.
El caso Hernán Rivas es una muestra de la fascinación por un mediocre. La fascinación del señor Horacio Cartes y su corte de “hombres libres” (tienen total libertad para pensar como su jefe). En estos días supe que el salón auditorio del Colegio Nacional de Capiatá se llama Erico Galeano. Quisiera creer que es un homónimo del condenado a 13 años de cárcel por lavado de activos y asociación criminal, Si es “un homenaje” al ínclito senador con permiso, el Ministerio de Educación debería sugerirle a esa institución pública que busque algún nombre más asociado a la educación y a la virtud.
El Senado se ha sacudido en algo de tantos mediocres tras la expulsión de Yamy Nal y Chaqueñito y el “permiso” (inconstitucional) a Erico y Hernancito. Pero quedan varios tránsfugas, traidores y, sobre todo, mediocres. En Diputados tenemos mediocres para elegir. Y todos estos parlamentarios, que en el sector privado no calificarían ni para el salario mínimo, están ahí por la “voluntad popular”. Esto es señal clara de que el electorado ama a los mediocres. Por lo tanto, esa voluntad popular —en clave mayoritaria— es igualmente mediocre.
En el ámbito privado tenemos una sobredosis de quienes se dan en llamar influencers, en su infeliz mayoría individuos mediocres a los que siguen miles de devotos mediocres que ansían también la popularidad estéril que brindan los “me gusta” en sus posteos. El valor de los habitantes de las redes se mide en “seguidores” y no por la calidad de los “contenidos”. A más disparates, más likes y más seguidores.
En ciertas organizaciones y colectivos los mediocres están tan bien organizados que se blindan. No permiten que se les critique, porque confunden crítica con discriminación. Y apelan a la cancelación de la gente pensante, a los que ejercen su capacidad para reflexionar, mientras ellos divagan y deliran.
Los mediocres se embanderan en dogmas ideológicos a falta de ideas y responden con insultos a quienes osan contrastar sus posturas.
Buena parte de la prensa sigue dándole espacio a cuanto mediocre transita por la vida. Tal vez porque los mediocres “venden” y dan rating. Y, esencialmente, por la existencia de una mayoritaria audiencia mediocre.
Los partidos políticos se han llenado de mediocres que buscan la riqueza fácil con el dinero público. Gente que tira su honradez a los chanchos y traicionan todos los principios por un cargo.
La ciudadanía decente —que aún existe— debe sacudirse, ahora, en vísperas de elecciones cruciales. Es el tiempo de promover la inteligencia y la decencia antes de que la República sucumba en la cada vez más grotesca mediocridad.
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