De revuelcos y tumbas

La expresión no precisa de mayores explicaciones y la usamos de tanto en tanto, mayormente en forma acertada. Hurgando en Wikipedia, nos enteramos de que su origen -por lo menos literario- se remonta al siglo 19. En ese entonces, un escritor llamado William Thackeray escribió en una de sus obras que determinado fallecido sentiría profundo enojo o disgusto ante cierto hecho actual, incluso capaz de generar en el muerto una reacción del tipo“roll over in their grave”.

Es decir, la ocurrencia de hechos deshonrosos, estúpidos o que contradicen de tal forma los valores de determinada persona ya muerta -caso hipotético de enterarse de ellas-, le generarían una conmoción tal que, literalmente, se revolcaría en su tumba.

No cabe duda alguna de que Eligio Ayala, quien le negó al mismísimo presidente José P. Guggiari la contratación de un secretario “no hay rubro, si quiere un auxiliar, que pague de su propio bolsillo”, se revolcaría en su tumba al saber de las jubilaciones VIP de los Congresistas. Don Eligio fue bueno para administrar el dinero público, y tenía la expresión “no hay plata” siempre en la punta de la lengua.

Augusto Roa Bastos es el máximo exponente de la literatura paraguaya. Además de todas sus cualidades como escritor excelso, era dueño de un hablar pausado, elaborando con cuidado las oraciones que pronunciaba. Da para calcular que este señor, seguramente daría patadas de todo tipo dentro de su ataúd si escuchara las declaraciones de Hernán Rivas. Por cierto, condenar a este último por ahí también sería una linda forma de honrar al idioma castellano, que ya tanto maltrató.

El Fiscal Marcelo Pecci tenía fama de detallista, incisivo y sumamente meticuloso en su trabajo, además de honesto a carta cabal. Su investigación de personas vinculadas al narcotráfico y toda la red tejida en torno a este flagelo le costó la vida, que se la tomaron en forma cobarde en un lugar paradisiaco. Al ver la tibieza de la justicia en aclarar su caso, y a tantos involucrados paseándose orondos e impunes, podríamos creer que tampoco encuentra paz en su morada eterna.

Tampoco hay que “pasar a mejor vida” para experimentar esto. Así, tenemos a la organización “Grupo de Amigos del Parque Guazú Metropolitano”, personas muy activas y todas vivas a Dios gracias. Esta agrupación -que trabaja en su tiempo libre con recursos propios- persistió por años hasta conseguir la declaración del parque como Área Silvestre Protegida. Hace un par de meses y en complicidad con la APF, que utiliza parte del predio, se tiraron toneladas de escombro en ese lugar, contraviniendo leyes, reglamentos y la lógica más simple. Los protectores del Parque no se revuelcan en sus tumbas, pero se retuercen impotentes ante esta prepotencia, al igual que los miles de usuarios del Parque.

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