Falta de planificación

En Ñeembucú, cada lluvia intensa y cada repunte de las aguas vuelven a dejar la misma postal: caminos y establecimientos anegados, producción comprometida y reclamos que llegan cuando el problema ya está encima.

Lo preocupante es que no se trata de un fenómeno imprevisible. Es una historia repetida que expone, una vez más, la falta de planificación preventiva en la limpieza de los principales cauces hídricos del departamento.

Ganaderos, agricultores y comerciantes vienen advirtiendo desde hace años la necesidad de intervenir en arroyos estratégicos como Las Hermanas, Montuoso, Yacaré y otros cauces que desembocan en el río Paraguay.

Las notas presentadas ante autoridades departamentales y nacionales se acumulan, pero los resultados siguen ausentes. El problema no es la falta de advertencias, sino la escasa capacidad de anticipación de quienes tienen la responsabilidad de actuar.

Cuando las lluvias llegan, el debate se traslada al terreno de las explicaciones. El gobernador Víctor Hugo Fornerón (ANR) sostiene que la maquinaria disponible está trabajando donde los productores solicitan intervención y argumenta que los recursos son insuficientes. También menciona la carencia de retroanfibias en el país y remarca que la Gobernación de Ñeembucú dispone de la única unidad de ese tipo.

Sin embargo, esa explicación abre otra discusión de fondo: si el problema es conocido y recurrente, la planificación debió comenzar mucho antes.

Desde el sector productivo señalan que pudieron haberse articulado acciones con la Entidad Binacional Yacyretá o Itaipú Binacional, así como explorar mecanismos de cooperación con empresas privadas que desarrollan actividades en el departamento.

En otras palabras, el cuestionamiento no se limita a la disponibilidad de maquinaria, sino a la ausencia de estrategia coordinada para enfrentar una amenaza que aparece todos los años.

La crítica de los productores adquiere mayor peso porque proviene de uno de los sectores que sostienen buena parte de la economía regional. El campo no reclama soluciones de emergencia cuando el agua ya avanzó. Exige previsión.

La limpieza de canales y cauces no debería convertirse en una reacción tardía, sino en parte de una política permanente de mantenimiento territorial.

Ñeembucú convive históricamente con el agua. Por eso, administrar el territorio implica entender que la prevención no puede depender de la urgencia. Mientras las decisiones lleguen después de cada temporal, el costo seguirá recayendo sobre la producción, el comercio y las comunidades que vuelven a enfrentar consecuencias que pudieron haberse mitigado.

La verdadera pregunta ya no es por qué se inunda, sino por qué, sabiendo que ocurre cada año, todavía no se actúa a tiempo.

edgar.vazquez@abc.com.py

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