​Hay que adaptarse nomás

​En el plano local, el efecto mundial ya empezó a sentirse. Congresos, seminarios, ¡bodas! y actividades similares se organizaron en función a las fechas de los partidos. Demasiado riesgoso que los invitados a un casamiento estén mirando —varones como mujeres— los partidos debajo de las mesas… una pelada. Y esto es apenas el inicio de algo que Paraguay no vivía desde hace 16 años.

​Volver a una Copa del Mundo tiene un efecto que va mucho más allá del fútbol. La clasificación despierta recuerdos, sentimientos y una emoción colectiva que estuvo dormida por demasiado tiempo. De repente, hasta gente que nunca habló del tema aparece discutiendo sobre alineaciones, esquemas tácticos, horarios y rivales a vencer. Hay algo nuevo en el aire.

​Va a ser un Mundial distinto. Ya no serán 32 los clasificados, sino que pujarán 48 selecciones. Bien por la posibilidad de que más países participen, más hinchadas viajen y se mezclen más culturas. También hay que decirlo, con dura sinceridad: “Business are business my friend”. Así es el fútbol moderno, un enorme engranaje de producir dinero.

​Tampoco hay que mirar esto con ironía. Detrás de esta expansión aparecen oportunidades enormes para países como el nuestro. Paraguay se suma, ahora desde el ámbito deportivo, a la mesa de negocios internacional, y saca pecho en las pantallas, redes sociales y medios extranjeros. Esto, bien aprovechado, generará movimiento económico tangible.

​El comercio ya se puso las pilas. El sector privado es muy rápido para adaptarse. Habrá promociones, pantallas gigantes, paquetes turísticos y ofertas vinculadas al deporte rey. Los restoranes y bares, estaciones de servicio, supermercados y hasta pequeñas despensas van a encontrar la manera de sumarse… y sumar.

​Las oficinas se van a acomodar. Reuniones más cortas, pausas “estratégicas” y funcionarios mirando de reojo la hora cuando juegue la Albirroja. Algunos van a fingir concentración frente a la pantalla de la computadora, mirando otra cosa… El Mundial cambiará por un par de semanas muchas rutinas.

​Y no está mal que sea así. En tiempos de tanta división y posiciones antagónicas, pocas cosas quedan que unen emocionalmente a la gente. El fútbol, con todos sus defectos, sigue siendo uno de esos espacios que genera sentimientos en común, dejando de lado ideologías y posiciones sociales.

​Ojalá sepamos potenciarlo mejor. No solamente desde el consumo inmediato, sino desde el turismo, la imagen país y la capacidad de generar actividades alrededor de cada partido. El Mundial puede ser una fiesta breve o una plataforma inteligente para mostrar otra cara del Paraguay.

​Y no nos conformemos con participar. Juguemos desde el primer partido con el objetivo de pasar a la siguiente ronda. No como una expresión de deseo, sino como una meta posible y al alcance de las manos, pero más de los pies.

​Mientras el país acomoda sus agendas, horarios y compromisos, conviene también aunar el ánimo colectivo. Que esta alegría nos recuerde que el Paraguay puede moverse unido. Ojalá que el espíritu patriota que despiertan los muchachos de Alfaro contagie también a todos los ámbitos de la sociedad. ¡Vamos Albirroja que se puede!

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