No es solo fútbol

El paraguayo necesita alegrías. En un país donde la urgencia diaria acucia a la gente, donde el reclamo permanente es la falta de medicamentos en los hospitales, donde estamos inundados de títulos falsos y denuncias que se acumulan, donde la justicia es la gran materia pendiente, los reclamos caen, en la indiferencia de las respuestas de las autoridades.

Con deudas históricas en infraestructura, salud, educación, etc., que no se solucionan gobierno tras gobierno, encontrar un motivo genuino para sonreír se ha convertido en un lujo que escasea.

Esta semana lo vivimos en carne propia. Cuando Paraguay cayó 4-1 ante Estados Unidos en su debut mundialista, se notó de inmediato cómo el país entró en un estado de ánimo decaído, casi de duelo colectivo. No hacía falta encuesta ni termómetro social: bastaba con salir a la calle, entrar a una oficina, escuchar las conversaciones en la fila del supermercado.

El fútbol también impacta en la economía, y eso no es una frase hecha. El propio Gustavo Lezcano, presidente de Capasu, contó en una entrevista con ABC TV que el día del partido de Paraguay contra Estados Unidos las ventas se dispararon en carne, bebidas y camisetas albirrojas, todo lo que tuviera el sello de la selección se agotaba en los comercios. Y agregó que el día del partido contra España, en los Cuartos de Final del Mundial de Sudáfrica 2010, se vendió más que en un día de Navidad. Esta semana se notó el impacto inverso: las ventas, ya golpeadas por la economía cotidiana, sintieron el bajón del ánimo nacional tras la derrota inicial.

Pero el fútbol, como el país, también sabe levantarse. Cuatro días después, Paraguay venció 1-0 a Turquía con un gol tempranero de Matías Galarza, resultado que devolvió las esperanzas de clasificación a la Albirroja y dejó a los turcos eliminados del Mundial. El país se despertó distinto. Estalló de alegría, nuevamente.

No es solo fútbol, como dice una frase conocida. Es ese sentir que el pueblo necesita, esa cuota de alegría colectiva que explica por qué hay tanta identificación con una camiseta. Porque si hablamos de nuestra selección, hay que ser honestos: no tenemos el mejor equipo del mundo, no tenemos los fichajes más caros ni las figuras más rimbombantes, ni el célebre jogo bonito brasileño. Lo que tenemos es la garra guaraní. Durante las Eliminatorias Sudamericanas, Paraguay fue un muro, presumiendo de la mejor defensa de la región, y es justamente ahí donde el paraguayo se identifica plenamente: en el sacrificio, en la resistencia, en pelear cada pelota como si fuera la última.

En el diario vivir, en nuestro país, podemos hablar exactamente en el mismo sentido. Es nuestra garra diaria de salir adelante, de pelear para avanzar aun cuando el contexto no acompaña.

Sin duda hay otras cosas para celebrar, cada tanto. Hay logros que merecen destacarse. Pero ninguno da la alegría y la esperanza colectiva que entrega una selección de fútbol cuando gana, cuando resiste, cuando todo un país se permite, por momentos centrarnos en ese festejo y olvidar lo que falta.

Así que no, no es solo fútbol.

smoreno@abc.com.py

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