Bajo la alfombra

El pasado 25 de julio se cumplió un año de la habilitación del Hospital General de Itapúa (HGI), el centro asistencial más grande y mejor equipado del interior del país. Más allá de juzgar lo necesario que son los grandes hospitales, es imperioso analizar si se trata nada más de concentrar una problemática –la salud pública– para esconderla debajo de una vistosa alfombra.

Imaginemos un escenario cotidiano. La visita no tarda en llegar a casa, pero el interior se encuentra bastante sucio. Más de uno pensará, lo mejor es juntar y esconder la basura, bajo la alfombra. Podremos haber impresionado a nuestros amigos, pero al final del día la mugre seguirá esperando, escondida.

La red de salud tiene graves problemas que no se solucionan con la edificación de grandes estructuras. Esto no quiere decir que no sean necesarias, aclaro. El ejemplo concreto puede ser el Hospital General de Itapúa (HGI), que tras un año de funcionamiento presenta números impresionantes de incremento de la capacidad de atención.

No obstante, esto esconde que detrás hubo una concentración de la problemática del desfasaje entre la capacidad de respuesta y la necesidad de atención. Una referente local del Sindicato Nacional de Médicos (Sinamed), Dra Andrea González, manifestó que al no haber especialistas, muchos de los que ahora atienden en el HGI fueron trasladados de otros hospitales distritales. Es decir, se debilitó la red de salud, para concentrar los mejores servicios en un solo centro asistencial. Además, existe una certera preocupación ante la incertidumbre de si serán asegurados los recursos para el sostenimiento de este hospital colosal. En contrapartida, los rubros médicos en especialidades de otras dependencias no fueron repuestos en su totalidad.

Antes de poder resolver los conflictos que trajo introducir dos grandes hospitales, el Gobierno proyecta otros más en construcción. ¿Estará preparado el Estado para equipar y mantener en condiciones estos hospitales?

Antes del HGI, el Hospital Regional de Encarnación (HRE) dependía de donaciones de incautaciones de Aduanas para asegurar alimento a los pacientes. ¿Qué garantías de sostenimiento podemos proyectar? A todo esto se suman otros problemas de falta de pago a proveedores, escasez de medicamentos e insumos entre otras problemáticas. Paraguay invierte actualmente el 2,8% del PIB en salud pública, cifra inferior a la mitad del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si con lo poco no alcanza ¿cómo sostener nuevos grandes hospitales?

En contrapartida, que pasará con la red de salud, que en muchos casos continúa con condiciones precarias. ¿Estaremos destinados a depender solamente de los grandes hospitales? O en su momento habrá una decisión firme de sacar a luz la mugre, limpiar y sanear el sistema para que no sea solamente una imagen fachada de una bonita alfombra.

Sergio.gonzalez@abc.com.py

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