Cómo ganar la vida

Normalmente, el ser humano quiere “ganar”: ganar plata, ganar una carrera, ganar un partido y todo lo demás. Ya la palabra “perder” nos incómoda, pues parece que se nos quita algo, que nos volvemos “menos” que antes.

El Evangelio muestra una expresión contradictoria de Jesús en relación con los criterios humanos: “El que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará”.

La pauta central es el motivo: “a causa de mí”, pues Cristo es el centro del universo y debería ser también el centro de nuestra vida. Así, quien arriesga todo para servir y agradar al Señor gana la vida y encuentra la verdadera felicidad.

Sin embargo, la fascinación del mundo es poderosa y, muchas veces, uno prefiere el éxito que proviene de las vanidades y de la soberbia, pues no está muy interesado en seguir al Señor, sino en llevar adelante su propio proyecto egoísta.

Y “pierde la vida” en el sentido de no captar la ternura con que Dios nos acompaña, la liberación que significa la humildad y la grandeza de ser solidarios.

Jesús nos hace una pregunta incómoda: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?”. Existe el riesgo de perderse para siempre.

Cuando la persona no vive las enseñanzas del Evangelio, puede incluso ganar mucho dinero y obtener renombrados trofeos, pero todo esto puede convertirse en un riesgoso castillo de naipes. El tiempo, las enfermedades, la politiquería y las sorpresas de la vida dejarán patente su inconsistencia.

Un cristiano no tendría que temer “perder la vida” por causa de Jesús ni estar pendiente de los aplausos humanos, sino anhelar los aplausos del Señor.

Para ganar la vida no hay que asustarse de tomar la propia cruz, renunciar a uno mismo y caminar tras las huellas del Salvador. San Pablo ofrece una sólida orientación: “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad”.

Para ganar la vida, ya sea viviendo el presente de modo auténtico, ya sea alcanzando el triunfo definitivo, no hay que adoptar los modelos materialistas que nos presionan, sino renovarse interiormente y ser cada día más humilde y honesto.

Seguir a Cristo es seguir a una Persona; no es simplemente discutir ideas. Es, en fin, dar testimonio de valores que generan vida. Si para ello tenemos que vencer la ambición, que la venzamos, pues esto significa ganar la vida eterna y, al mismo tiempo, alcanzar la paz del espíritu en el presente.

Paz y Bien

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