Terminó el esperado Mundial de Rally

Quienes nos quedamos y no volvemos al primer mundo después de la fantasía del deporte motor, nos tocará responder a la duda: ¿Qué haremos después del Rally?

Creo pertinente abrir el análisis, porque si bien es innegable el movimiento económico y la inyección de circulante que trae el evento, no se vislumbra claramente ninguna acción que aporte a capitalizarlo en desarrollo para la región.

Es el segundo año consecutivo del evento y no se terminó el aeropuerto prometido, tampoco las rutas y nuevas pavimentaciones, que eran el objetivo que “quedaría como legado del Mundial de Rally”. Esto es al menos lo que prometió el Gobierno cuando aceptó el desafío de organizar el evento internacional.

El valor agregado al mercado solo dura una semana, con un movimiento similar al de la temporada alta. Los empleos que generó se desvanecen con el rugido de los motores que se alejan a su nuevo destino, pero ¿qué nos queda?

En algún momento se debe proyectar el destino hacia el desarrollo de la ciudad, sin depender exclusivamente de temporadas altas o eventos extraordinarios, que deberían estar presentes como un plus e impulso económico. Esto no debe ser solo para ayudar a los emprendedores, comerciantes e inversores a “llegar” bien a la próxima temporada alta. Incluso, es preciso preguntar primero: ¿Alcanzará para llegar al verano?

La ciudad de Encarnación y el área metropolitana sufrieron transformaciones profundas tras la terminación de la Central Hidroeléctrica Yacyretá. El crecimiento desordenado es uno de los factores que retrasa los intentos de proyección hacia una economía que no solo dependa del comercio de frontera.

En contrapartida, hay una mínima inversión y hasta un tímido intento de “vender” a la ciudad como un destino turístico, pero no hay un acompañamiento real para que esta industria se termine de consolidar. En algún momento pasará el tiempo de auge de la industria turística y será tarde para pensar en alternativas. Otras fuentes de desarrollo son extremadamente necesarias, como el fortalecimiento de la red vial y el fortalecimiento del comercio.

En paralelo, será necesario invertir en la industria, como una posibilidad en la región. Pero lo preocupante es justamente eso, que seguimos dejando pasar los mejores años de la capital de Itapúa, sin un norte claro de hacia dónde apuntamos y qué ciudad queremos ser. Aparte del abandono del Gobierno nacional por desacuerdos partidarios, no se realizan acciones reales que permitan el desarrollo local, con miras al futuro y no solo a vivir el presente efímero de éxito.

sergio.gonzalez@abc.com.py

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