Por Soledad Núñez

El próximo 4 de octubre, en todo el país habrá elecciones para elegir intendentes y concejales. Las elecciones de Asunción –sin duda- serán las más relevantes, no solamente por tratarse de la Capital de la República sino por la trascendencia de su rol en la historia y, esencialmente, por la posibilidad de lograr con ellas un rescate de dignidad ciudadana, de recuperar el honor de ser asunceno, luego de una serie de administraciones desastrosas, que la degradaron a una obsolescencia urbana con el deterioro de su infraestructura física, y el inevitable desenlace de la indefensión aprendida y apatía cívica generalizada.

Si Asunción pretende volver a ser la ciudad de antes, necesita de la ayuda de los ciudadanos que habitan en ella, de ciudadanos aptos para votar, hombres y mujeres capaces de separar sus intereses particulares del interés general y de la necesidad urgente de dotar al país de una capital digna, de recuperar ante el mundo su renombre de “Madre de Ciudades”.

La única forma práctica de hacerlo es votando en contra. Votando en contra de la corrupción, de las planillas de sueldos de favor, de la precariedad, de la desidia, de la insensibilidad social, de la falta de visión política y profesional al frente de la institución y contra la falta de autonomía y delicadeza de las autoridades designadas.

Para el ciudadano asunceno, votar como siempre lo viene haciendo la mayoría en las elecciones municipales, es votar por la continuidad de todo lo malo que hoy sufre la ciudad. Un simple análisis comparativo, lleva a la conclusión inevitable de que, entre las candidaturas expuestas a consideración de la ciudadanía, la de Soledad Núñez es la más conveniente para los asuncenos que aman a su ciudad.

Se trata de una profesional bien formada aquí y en el exterior, hizo su pasantía en el voluntariado y en la administración pública, sin reproche alguno, está libre de la vulgar contaminación partidista y se ganó la postulación como representante global de la oposición, lo que demuestra también su habilidad y talento político.

Su principal rival en la compulsa será el candidato del Partido Colorado, surgido de una designación “a dedo” del cuasi dueño de esa agrupación política, que viene haciendo gala de abuso de poder por voluntad propia y cuando lo considere apropiado, a través de la mayoría parlamentaria, para lo cual no duda en atropellar leyes, principios y acuerdos de buena praxis política ya cristalizados, como la designación en el pasado reciente de un Contralor de la oposición y un Subcontralor del oficialismo. Ahora, por capricho de este señor, la Contraloría ya es totalmente oficialista, es decir, alineada al sistema verticalista de obedecer la consigna del patrón.

Asunción, debe recordarse siempre, no es una ciudad cualquiera del país, y tampoco del continente, desde que fue fundada en el año 1537. Dentro de once años cumplirá quinientos años y si sumamos a las desastrosas condiciones actuales de la ciudad, la posibilidad de un triunfo electoral oficialista, nada bueno depara el futuro para tan grato y relevante acontecimiento, que debe trascender las fronteras, no por el simple dato numérico de medio milenio de vida, sino por su destacado papel en la exploración, conquista y formación de otras ciudades de América.

La trayectoria de la capital del Paraguay exige una elección de sus autoridades ajustada a estándares de calidad y madurez. Estamos hablando de una ciudad que fue centro irradiador de la conquista española en la cuenca del Río de la Plata y el Cono Sur, de donde partieron las expediciones que fundaron más de una docena de ciudades clave en la región, tales como la segunda fundación de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes, Concepción del Bermejo y Santa Cruz de la Sierra.

Asunción no fue tampoco en el pasado una ciudad más fundada por los españoles. A diferencia de otros procesos de conquista de sometimientos bélicos inmediatos, en Asunción se estableció una alianza estratégico-militar entre españoles y los guaraníes-carios, lo que permitió un mestizaje acelerado a través del cuñadazgo, convirtiendo a Asunción en el núcleo donde se gestó la identidad mestiza paraguaya y el uso del idioma guaraní como rasgo cultural predominante.

Las elecciones municipales son una oportunidad de rectificar rumbos en la conducción del municipio, tarea que corresponde enteramente al ciudadano votante. Votar para simplemente cumplir con el deber de hacerlo y pensar cómodamente que con ello se cumple con la obligación cívica y legal, no conduce a nada. La obligación moral es votar por el mejor, en este caso, por la mejor candidata que tiene ahora Asunción, Soledad Nuñez.

Los capitalinos tienen mayor responsabilidad que los demás electores, por una cuestión histórica, de honor y reputación. Recuérdese que Paraguay tuvo una particularidad única en América mediante la Real Cédula del 12 de septiembre de 1537, por la cual la Corona española autorizó a conquistadores y vecinos del Río de la Plata a votar y elegir democráticamente a su gobernador interino en caso de muerte o vacancia.

Los miembros del Cabildo y vecinos de Asunción ejercieron el voto en base a este instrumento legal para deponer o nombrar gobernadores, como ocurrió con la elección de Hernandarias o durante la Revolución Comunera.

Además, Asunción cuenta con títulos que deben ser cuidados y honrados, como por ejemplo la declaración de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas y la de la Conferencia de Alcaldes Iberoamericanos que declararon formalmente a Asunción como «Madre de Ciudades» en sus foros multilaterales, reconociendo su papel histórico primordial en el mapa geopolítico de la conquista y colonización del Sur de América. Buenos Aires reconoce formalmente a Asunción como su ciudad fundadora en actos conmemorativos, placas de hermanamiento y eventos protocolares entre sus gobiernos locales.

La Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas le otorgó el título de Capital Iberoamericana de la Cultura 2009 fundada en su rica trayectoria como punto de partida para la cultura mestiza regional, el bilingüismo castellano-guaraní y su rol de núcleo urbano originario de América del Sur.

No será por falta de coraje o por exceso de pereza cívica que Asunción sufra una vez más la humillación de caer en manos de otra gavilla de atracadores de arcas que finalmente logren el objetivo de privarla totalmente del brillo que tenía y merece recuperarla.

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