Después de la tormenta

El departamento de Itapúa sufre las consecuencias de la crecida del río Paraná con puertos inhabilitados y comunidades afectadas. La preocupación no solo se limita al presente, sino a qué pasará después si el fenómeno El Niño continúa azotando la región.

Las posibles consecuencias y los temporales constantes no son una novedad; se viene advirtiendo sobre esta anomalía climática a nivel global desde hace tiempo. Pese a contar con información oportuna, fueron escasas las acciones encaminadas a mitigar los impactos que actualmente afligen a nuestras comunidades.

En Itapúa, el crecimiento del río Paraná provocó el cierre de puertos fluviales internacionales e inundaciones en diversas localidades. Si bien el número de afectados es menor en comparación con otros territorios, llama la atención la falta de medidas preventivas tomadas a tiempo.

Lo que sorprende no es la llegada de esta secuencia de temporales que parecen no dar tregua, sino cómo, tras cada experiencia, seguimos sin aprender la lección de la prevención.

Además, la posibilidad de granizadas intensas y un ambiente extremadamente húmedo amenazan con provocar graves daños a la producción.

La tormenta e indecisión política a nivel central, sumadas a la fractura del Partido Colorado, no ayudan a despejar el panorama en el interior del país. Los actores del Estado parecen más preocupados por las disputas internas de poder mientras las riberas se inundan y las poblaciones miran con temor cómo el agua avanza, acechando sus hogares.

Los estudios meteorológicos prevén que este fenómeno se extienda por meses, incluso hasta el año próximo. Con las crecidas, también corren peligro las playas y balnearios de la región, símbolos del turismo y motores económicos del interior. En ese contexto, ¿qué medidas se adoptarán ante una temporada alta fallida? ¿Será necesario perder vidas para comprender que se requieren políticas públicas eficaces que eviten la exposición de las poblaciones en zonas de riesgo?

El escenario actual evidencia la urgencia de regular las construcciones en áreas vulnerables y reglamentar los protocolos de intervención ante desastres naturales. Las necesidades de las comunidades no pueden medirse en función del caudal electoral de cada distrito.

El caso de San Cosme y Damián, donde se asienta la Central Hidroeléctrica Yacyretá, es emblemático, penosamente, suele quedar relegado de la asistencia debido a que no representa un caudal significativo de votantes. Esto incluso sabiendo que está en zona de riesgo e inundable.

Lo cansino es que no se haya previsto este escenario.

Ante esta realidad, ¿qué más esperan que ocurra antes de tomar acciones concretas? ¿O seguiremos pretendiendo solucionar crisis estructurales únicamente con chapas, colchones y víveres?

sergio.gonzalez@abc.com.py

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