Aquí la oculta la mascarada politiquera que emboba a los giles. Cada vez hay más gente con títulos que no logran esconder su fervorosa ignorancia.
La Agencia Nacional de Educación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) reveló que de 2023 a 2025 se expidieron casi 100 mil títulos universitarios de carreras no acreditadas.
El presidente de la Agencia, José Duarte, aclaró que no todos serían falsos, pero que dentro de ese universo (especialmente carreras de acreditación obligatoria como Medicina, Derecho e Ingeniería) hay “una gran cantidad” de títulos irregulares o falsos.
Habló, incluso, de “una estructura enquistada dentro del Ministerio de Educación”. Todo lleva a pensar que existe una próspera industria falsificadora de diplomas universitarios en este “Paraguay gigante”.
La falsificación, en su condición de algo auténticamente nuestro, no es nueva en este país donde lo más veraz pareciera ser la sinvergüencía. Lo novedoso es el rubro. Los más añosos recordarán que en los años 80 venían a Asunción turistas argentinos para comprar relojes Rolex a 50 dólares. Los muchachos también fabricaban y vendían perfumes mau, whisky mau, videos mau, casetes mau, jeans mau. Lo de mau provenía de la apócope del nombre de un contrabandista de los años 60 llamado Mauro.
En el antiguo Puerto Presidente Stroessner se falsificaba hasta la verdad. En los años 70, con un pintoresco decano de la Facultad de Arquitectura aparecieron los “arquitectos mau”.
Todo esto era una bobada frente a lo que tenemos ahora. Lo de los títulos mau se aceleró cuando se decidió otorgar a los funcionarios una bonificación por título universitario. Se desató una epidemia de licenciados, magísteres y otras paparruchadas seudoacadémicas para ganar tal bonificación. De ahí al nacimiento de la industria, solo había un salto.
Pero el de los funcionarios es solo un caso. Está lo peor: las falsificaciones o la falta de control estricto en el área de la salud. Una persona que ejerce la medicina sin las acreditaciones pertinentes está más cerca de matarte que de curarte.
En el campo de la docencia los títulos sin respaldo de idoneidad se han acrecentado escandalosamente, en la misma medida en que las aspirantes a docentes han ido perdiendo la básica comprensión lectora.
Creció la vigencia de la bochornosa sorna que reza: “Analfabetos hubo siempre, pero nunca como ahora que salen de las universidades”.
En el nivel terciario hay gente que va solo en busca de un cartón. No le interesa mucho aprender más allá de lo necesario para salvar un examen.
Cuán confiable y “gigante” puede ser un país con este nivel de falsedades académicas extremas.
Si no se elimina la calamitosa titulación de analfabetos, los analfabetos titulados terminarán por eliminar a la República. La industria de la falsificaciòn no debe quedar impune.
nerifarina@gmail.com