¿Por qué el calor puede “apagar” el deseo?
El cuerpo está diseñado para mantener una temperatura interna estable. En días de calor extremo, gran parte de la energía se centra en enfriarnos: sudamos más, nos sentimos pesados y cansados, dormimos peor. Todo eso reduce el interés en el sexo.
“Cuando la temperatura sube mucho, aumenta la fatiga y baja el deseo de actividad física, y el sexo es una forma de actividad física”, explica la psicóloga sexual Marta López, especialista en terapia de pareja. A esto se suma que el mal dormir altera las hormonas relacionadas con el deseo y el estado de ánimo.
Lea más: No más “tengo ganas, pero estoy cansado”: por qué las vacaciones reactivan el deseo sexual
También hay un factor muy simple: el contacto piel con piel con otra persona da aún más sensación de calor. En una ola de calor, abrazarse puede no sonar tan atractivo como encender el ventilador y alejarse un poco.
El papel de la luz y las estaciones
La temperatura no es el único factor. La cantidad de luz al día también influye en el deseo sexual. En general, los días largos y luminosos mejoran el estado de ánimo y la energía. Por eso muchas personas notan más ganas de salir, socializar y coquetear en primavera y comienzos de verano.
En otoño e invierno, con menos luz, aumentan los casos de tristeza estacional. Esto puede bajar la libido, pero no siempre.
El frío también invita a quedarse en casa, a compartir mantas, sofá y series. Es un contexto que favorece la intimidad, aunque el deseo no sea tan impulsivo como en otras épocas.
¿El verano es tan “sexy” como dicen?
La cultura popular muestra al verano como la estación del romance y las aventuras. Y en parte es cierto: hay más tiempo libre, ropa ligera, vacaciones, viajes, fiestas. Todo eso crea un ambiente social que facilita el encuentro con otras personas.
Lea más: Dormir bien: la clave para revitalizar tu vida sexual y emocional
Sin embargo, las olas de calor muy intenso están cambiando ese panorama. El exceso de temperatura aumenta la irritabilidad, el cansancio y la deshidratación.
Muchos médicos ya señalan que los días de calor extremo son poco propicios para una vida sexual activa, al menos si no se toman medidas para estar frescos e hidratados.
En resumen: el verano puede ser una época de alto deseo por el contexto social, pero el calor extremo juega en contra si no se maneja bien.
Cómo usar el clima a tu favor
Conocer cómo te afecta el clima permite tomar decisiones más conscientes. Estas son algunas estrategias simples:
1. Elegir mejor el momento. En días muy calurosos, el deseo suele subir en las horas menos sofocantes: por la mañana temprano o por la noche, cuando baja la temperatura.
Muchas parejas descubren que cambiar las costumbres —por ejemplo, dejar el sexo nocturno para la mañana del fin de semana— mejora mucho la experiencia.
2. Adaptar el entorno. Un dormitorio demasiado caliente mata el entusiasmo. Bajar persianas durante el día, ventilar por la noche, usar ventiladores o aire acondicionado y preferir sábanas ligeras hace una gran diferencia.
También ayuda ducharse antes, no solo por higiene, sino porque sentir el cuerpo limpio y fresco hace que el contacto sea más agradable.
3. Bajar la intensidad física. En días de calor extremo, el cuerpo puede no tolerar sesiones muy largas o muy activas. No significa renunciar al sexo, sino adaptarlo: más pausas, más juegos suaves, más atención a las caricias y menos a la “performance”.
Lea más: Posmenopausia y deseo sexual: estrategias para transitar los cambios hormonales con bienestar
En invierno, en cambio, el cuerpo suele aceptar mejor el movimiento, y el propio sexo ayuda a entrar en calor.
4. Escuchar al cuerpo (y hablarlo en pareja). El deseo sexual no es una obligación. Si durante una ola de calor te sentís sin energía, es normal. En lugar de culparte o culpar a la pareja, puede ser útil nombrarlo: “Estoy reventado por el calor, hoy necesito algo más tranquilo” o “esperemos a más tarde, cuando refresque”.
Hablar de cómo el clima afecta el cuerpo ayuda a que nadie se sienta rechazado o “poco deseable”. Pone el foco donde corresponde: en las condiciones externas, no en el valor de la persona o de la relación.
5. Aprovechar las estaciones “favorables”. Cada persona tiene su “clima ideal”. Hay quienes se sienten más sexuales en primavera, otros en otoño, cuando el bochorno se va pero aún no hace frío intenso.
Detectar tu patrón permite organizar mejor escapadas románticas, momentos de intimidad o incluso conversaciones importantes sobre la relación en épocas en las que te sentís más abierto y receptivo.
Clima, deseo y bienestar
El deseo sexual no es solo cuestión de hormonas o de amor. También responde a factores tan simples como la temperatura, la luz y la calidad del sueño. Lejos de ser un problema, entender esto ayuda a quitar presión y a cuidar mejor del cuerpo.
La pasión, como el clima, tiene sus estaciones. No se trata de luchar contra ellas, sino de aprender a leerlas y usarlas a favor: refrescar cuando abruma el calor, abrigar cuando llega el frío y, sobre todo, respetar el ritmo propio y el de la pareja.