Más allá del cliché, estos kits condensan una tendencia: la sexualidad como experiencia compartida, planificada y, cada vez más, desdramatizada. Tiendas eróticas físicas y plataformas online reportan un incremento de ventas en la primera quincena de febrero, con picos en productos empaquetados como “kits románticos”.
La fórmula suele incluir una combinación de básicos: un vibrador pequeño o masajeador, antifaces o esposas suaves, lubricantes con sabores o efecto calor, velas de masaje y juegos de cartas con retos eróticos.
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Juguetes que apuestan por la complicidad
Detrás del envoltorio rosa se libra una batalla más interesante: la de los imaginarios sexuales.
Los kits tienden a priorizar juguetes pequeños, versátiles y pensados para el placer compartido, en lugar de centrarse solo en la estimulación genital individual.
Anillos vibradores, balas recargables, plumas o fustas suaves y dados con instrucciones sensoriales apuntan a una misma idea: introducir el juego, explorar ritmos y texturas, y desplazar el foco del rendimiento a la experiencia.
A menudo se incorporan además accesorios de ambiente —luces bajas, aromas, música— que sitúan la propuesta en el terreno del “ritual” más que en el de la simple compra de objetos.
Comunicación y consentimiento, el verdadero kit básico
Especialistas en educación sexual insisten en que ningún juguete compensa la falta de diálogo. El riesgo de estos packs es que se conviertan en una sorpresa que una de las partes no desea, o que se vivan como presión para “subir de nivel” en la intimidad.
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Antes de sacar de la bolsa esposas, lubricantes o lencería, los profesionales recomiendan conversar: qué apetece, qué genera curiosidad, qué límites no se desean cruzar.
El consentimiento entusiasta —no solo la ausencia de un “no”— sigue siendo la pieza clave, también cuando se trata de productos eróticos.
El Día de los Enamorados es, sin duda, un negocio. Pero los productos con fines eróticos abren también una ventana para hablar de placer sin culpa, de diversidad de cuerpos y gustos, y de la necesidad de educación sexual más allá de la reproducción y la prevención de riesgos.