7 de junio de 2026

Tras la multitudinaria procesión de María Auxiliadora, monseñor Gabriel Escobar lanzó una dura homilía bajo el clamor de “Epu’a Paraguay”. Condenó difamaciones hacia la prensa crítica, el uso de dinero público para operadores políticos y exigió frenar impunidad.

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia rechazó la recusación que había presentado el exintendente de Ciudad del Este Miguel Prieto Vallejos (Yo Creo), contra jueces del Tribunal de Apelación. Es en el marco de un proceso penal por apropiación mediante supuesta compra ficticia de alimentos por G. 306 millones.
La palabra candidato proviene del latín candidatus, derivado del verbo candere “ser blanco”, “brillar intensamente”, “el que viste de blanco”. En la Roma republicana, la toga candida era símbolo de pureza, honradez y servicio. El blanco siempre se asoció a la pureza y al honor, y por lo tanto al que lo usara se presentaba como el idóneo para representar al pueblo. El ideal romano era claro: el ciudadano común debía asumir responsabilidades públicas de manera temporal, sin convertirse en político profesional. El poder era servicio, no privilegio.
El nuevo titular del Instituto de Previsión Social (IPS), Dr. Isaías Fretes, atrae la mirada esperanzadora de los asegurados. Le siguen en su actividad, que promete una nueva y buena gestión, luego de muchos años de abandono, de desidia, de corrupción, sufridos por la institución creada en 1943 por el gobierno de Higinio Morínigo “para asegurar al ciudadano los medios que le pongan a cubierto de los azares de la vida en lo que respecta a enfermedad, maternidad, invalidez, accidente de trabajo, etc”.
El nuevo presidente del Consejo de Administración del Instituto de Previsión Social (IPS), doctor Isaías Fretes, está sacando a la luz múltiples miserias acumuladas en la entidad en los últimos años. Si las ya conocidas bastaban para calificar al ente como una en la que reinan la corrupción, la negligencia y la ineptitud, los nuevos hallazgos ratifican que la entidad estaba sobre todo al servicio de sus insensibles autoridades y funcionarios. Se había montado todo un sistema para aprovecharse de los aportes obrero-patronales, aunque ello implicara arriesgar la vida y la integridad física de los asegurados. La codicia, la desidia y la torpeza convirtieron al IPS en una de las peores instituciones públicas del país. Cuesta creer que de nada se enteraban el presidente anterior y los consejeros, algunos de los cuales siguen aferrados a sus 32 millones de guaraníes mensuales. Por la salud de la República, es hora de sanear el ente de arriba abajo para que de una vez por todas empiece a librarse de la malversación, el despilfarro y la mala praxis en más de un sentido, que lo azotan desde hace muchísimo tiempo.