9 de agosto de 2026
Moody’s Ratings ratificó para el país la calificación Baa3, la primera del grado de inversión, luego del guiño dado por el Fondo Monetario Internacional para sincerar las cuentas públicas y elaborar un nuevo cronograma de reducción del déficit fiscal. Como se diría vulgarmente, Paraguay zafó y, por ahora, se salvó de un costoso bochorno, pese a que el Gobierno maquilló las cifras sobre su verdadera posición macroeconómica. Es una nueva oportunidad que no se puede desaprovechar. Hay que sincerar las cuentas públicas, pagar lo que haya que pagar, ajustarse el cinturón, cumplir el nuevo plan a rajatabla y recuperar el equilibrio y la credibilidad antes de que sea demasiado tarde. Moody’s confía en que el Gobierno podrá ponerse al día con sus atrasos y con sus metas fiscales para 2028, lo cual es consistente con lo señalado en el informe de la última misión técnica del FMI. Eso significa que los observadores externos le están dando al país un nuevo plazo y una nueva oportunidad. Esta vez no se puede fallar.


Representantes de la agencia calificadora Moody´s en visita técnica evalúan las condiciones para mantener la calificación o realizar modificaciones. La citada calificadora fue la primera en otorgar “grado de inversión” al país en el 2024.

La posición financiera de Paraguay en los mercados internacionales se ha fortalecido tras la obtención del grado de inversión por parte de Standard & Poor’s Global Ratings en noviembre de 2025, que se suma al alcanzado con Moody’s Investors Service en julio de 2024. A partir de este nuevo escenario, el acceso al financiamiento externo mejora en términos de costos y condiciones, aunque también expone en mayor medida a la economía a los ciclos financieros internacionales y a episodios de volatilidad cambiaria.
Últimamente, las redes muestran un Paraguay que es un paraíso de inversión. Un grupo grande de influencers, inversores extranjeros y “expats” venden un país ideal, con bajos impuestos, energía renovable y una seguridad que, según ellos, es incomparable. Pero esta es una situación desconocida por los propios pasraguayos.
Santiago Peña se había trazado como objetivo para 2026 la obtención del tercer grado de inversión, según lo declaró él mismo ante la prensa y la comunidad internacional en vísperas de la Navidad de 2025, en el marco de la III Reunión de Jefes de Misión de las Representaciones Diplomáticas y Consulares del Paraguay. En menos de tres meses se cayó la estantería. El fisco está en crisis, con una abrupta caída de los ingresos y “monos” por todos lados, la reforma de la Caja Fiscal se quedó en medias tintas, el ministro de Economía fue destituido y la consultora Fitch Ratings acaba de asestarle al Gobierno un duro golpe de realidad, no solamente al negarle el tan ansiado “triplete”, como lo había denominado el propio Peña, sino al poner seriamente en duda su capacidad de contener el gasto y cumplir las metas prometidas.

El ministro de Economía, Carlos Fernández Valdovinos, salió al paso de los cuestionamientos que tildan a la gestión de Santiago Peña como “enemiga de la microeconomía” y que los números no reflejan la realidad paraguaya. Con gráficos, destacó un crecimiento del 6,6% del PIB y una reducción “histórica” de la pobreza. Por otro lado, la ciudadanía espera al menos llegar a fin de mes.