La Nariz del Diablo está en los Andes del centro de Ecuador, en el cantón Alausí (provincia de Chimborazo), sobre el descenso hacia Sibambe. Llegar es parte del relato: desde Riobamba (aproximadamente 1 hora) hay buses frecuentes; desde Cuenca o Quito, la ruta más práctica es bus interprovincial hasta Alausí (entre 4 y 7 horas, según origen).
El antiguo taller/estación queda en el casco urbano, caminable.
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La experiencia: una montaña que obligó a inventar el camino
A comienzos del siglo XX, el ferrocarril Guayaquil–Quito necesitaba vencer un paredón de roca. La solución fue el zigzag: un sistema de cambios de vía en reversa tallado en ladera, célebre por su audacia y por el costo humano de la obra.
Hoy, hay un “renacimiento”: Alausí aprendió a sostener la visita aun cuando el servicio ferroviario turístico es intermitente. Conviene verificar operación y horarios con el municipio o puntos oficiales locales antes de planificar el día.
Cuando el tren no sale, la Nariz del Diablo sigue siendo legible desde los miradores: se ve la cicatriz del trazado, el vacío y la paciencia del descenso.
El viaje se traslada del vagón a la conversación: guías locales y comerciantes narran accidentes, cierres, reactivaciones y la economía que depende de cada reencendido.
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Qué ver en el sitio
La atracción principal es el tramo Alausí–Sibambe/Nariz del Diablo y sus switchbacks, ya sea en tren cuando opera o desde miradores de la ladera.
En el pueblo, la estación, los murales y el ritmo de plaza permiten entender cómo el ferrocarril moldeó identidad y trabajo.
Qué comer en Alausí
La mesa es serrana y directa: hornado, fritada, mote, caldos (de gallina o de hueso), empanadas y, según temporada, cuy.
Para el frío andino, un canelazo.
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Mejor época para ir
Para vistas y caminos más estables, suele convenir la estación más seca de la Sierra (junio a septiembre).
En meses lluviosos, la neblina puede borrar la ladera en minutos: parte del encanto, pero también del riesgo de “venir y no ver” la Nariz del Diablo.