La Tierra emite más luz de noche: qué revela el aumento detectado por satélites de la NASA

Tierra, imagen ilustrativa.Shutterstock

Un análisis de 1,16 millones de imágenes nocturnas tomadas entre 2014 y 2022 muestra que la luminosidad artificial global creció 16%, pero de forma desigual: más brillo en zonas de expansión urbana y menos en regiones golpeadas por crisis, guerras o políticas de ahorro.

La Tierra se ve hoy más brillante desde el espacio que hace una década. De acuerdo con un estudio publicado en Nature y divulgado por The Guardian, los registros satelitales respaldados por la NASA indican que el resplandor nocturno del planeta aumentó un 16% entre 2014 y 2022.

El dato, sin embargo, viene con una advertencia central: el incremento no responde a una tendencia pareja, sino a un mosaico de avances y retrocesos que se encienden y apagan según cambian las sociedades.

La luz artificial —farolas, viviendas, industrias, rutas, infraestructura energética— funciona en estos mapas como una huella indirecta de la actividad humana. En algunas regiones se intensifica al ritmo de la urbanización y el crecimiento económico; en otras se reduce por crisis energéticas, conflictos, regulaciones ambientales o colapsos institucionales.

Lo que desde el espacio parece un simple brillo es, en la lectura de los autores, un registro casi “en tiempo real” de transformación global.

Cómo se construyó el mapa: 1,16 millones de imágenes y una hora fija

El trabajo fue dirigido por Zhe Zhu y Tian Li, investigadores de la Universidad de Connecticut, y se basó en 1,16 millones de imágenes satelitales recogidas a lo largo de ocho años. Las tomas se realizaron de forma diaria alrededor de la 1:30 (hora local de los registros), para asegurar comparabilidad, según se lee en Infobae.

Para aislar cambios reales en la iluminación —y no variaciones producidas por condiciones naturales— el equipo aplicó filtros que eliminaron interferencias de la luz de la Luna y de la nubosidad.

La fuente instrumental del análisis fue el Visible Infrared Imaging Radiometer Suite (VIIRS), un sistema operado por la NASA que mide radiación visible e infrarroja y permite detectar emisiones nocturnas con alta consistencia.

Según Zhu, citado en la cobertura de The Guardian, esta clase de datos permite interpretar las “huellas luminosas” de la actividad humana y seguir sus cambios año a año: no se trata únicamente de que el mundo “se ilumine”, sino de que la iluminación se desplaza y se reconfigura.

Dónde aumentó la luz: Asia y polos de crecimiento urbano

El estudio ubica a Asia como el principal motor del aumento global del brillo nocturno. La explicación, según los investigadores citados por The Guardian, está en la combinación de urbanización acelerada y desarrollo económico, con incrementos destacados en China y en el norte de India, donde la expansión urbana e industrial elevó de forma marcada la luminosidad.

En el oeste de Estados Unidos, el patrón también se asoció al crecimiento: ciudades con fuerte aumento poblacional aparecen más brillantes en la serie temporal. El trabajo señala una relación entre el avance urbanístico, la ampliación de infraestructura eléctrica y el incremento de luz artificial, un indicador indirecto del despliegue de servicios y consumo energético.

Dónde se apagó el mapa: eficiencia energética, guerra y colapso económico

En contraste con las regiones que se iluminan, Europa occidental mostró una reducción relevante de la radiación nocturna. Según el estudio recogido por The Guardian, el descenso se explica por regulaciones de eficiencia energética y por el endurecimiento de la crisis energética tras el inicio de la guerra en Ucrania. En esa región, el recorte de iluminación pública y la contención del consumo quedaron reflejados en los satélites.

Los datos por país ilustran la magnitud del cambio: Francia registró una caída del 33% en radiación nocturna, mientras Reino Unido y Países Bajos presentaron descensos del 22% y 21%, respectivamente.

Fuera de Europa, el análisis identifica otro tipo de “apagón”: el asociado a crisis estructurales. Venezuela aparece como uno de los casos más notorios vinculados a deterioro económico, con una reducción de brillo de más del 26% en el período observado.

El trabajo también detecta el impacto de la pandemia de COVID-19, que disminuyó la luminosidad en numerosas ciudades: restricciones de movilidad y contracción del turismo redujeron actividad nocturna y, con ella, la intensidad de las emisiones de luz.

Además, el conflicto entre Ucrania y Rusia dejó alteraciones visibles en los patrones lumínicos, consistentes con disrupciones sobre infraestructura y consumo.

Destellos industriales: la quema de gas vista desde el espacio

Más allá de las ciudades, el estudio identifica emisiones puntuales asociadas a la industria energética. En particular, los satélites registraron destellos nocturnos vinculados a la quema de gas (flare) en zonas de extracción: la cuenca Pérmica (Texas) y la formación de Bakken (Dakota del Norte), ambas en Estados Unidos.

Los ciclos de actividad observados coinciden, según el informe, con máximos históricos de producción de petróleo y gas.

Para Deborah Gordon, referente del programa de inteligencia climática del Rocky Mountain Institute, en declaraciones a la NASA difundidas por The Guardian, hacer visible dónde se desperdicia gas a escala global es clave por razones energéticas, económicas y ambientales. En esa lectura, la imagen nocturna no solo describe el territorio: también señala puntos críticos para regulación y decisiones públicas.

La luz como indicador social: crecimiento, crisis y adaptación

Los autores plantean que el brillo nocturno ofrece un registro detallado —aunque indirecto— de la vida económica y social: revela dónde se expande la urbanización, dónde se ajusta el consumo por políticas de eficiencia, y dónde la oscuridad refleja crisis, conflictos o interrupciones de servicios.

En esa combinación de aumento global y variaciones locales, el mapa nocturno muestra un planeta que cambia a distintas velocidades y por motivos distintos, año tras año.

Fuentes: Infobae, The Guardian

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