El avance hacia la firma del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur tiene un valor estratégico que va mucho más allá del comercio, según la mirada de Alfonso Algora, consultor internacional y especialista en Iberoamérica.
A su criterio, el pacto vuelve a insertar a América Latina en un eje de relación con una potencia que opera bajo normas claras, estándares elevados y una fuerte institucionalidad.
En el caso de Paraguay, el profesional señala que el acuerdo abre una oportunidad clave para diversificar socios comerciales y reducir dependencias externas, mediante el acceso a un mercado amplio, estable y previsible.
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“Se abre una ventana para atraer inversiones de mayor calidad, con estándares más altos y reglas claras, lo que permite no solo vender más, sino también mejorar la estructura productiva local”, afirmó en comunicación con ABC.
Según el especialista, este factor resulta central en un contexto internacional cada vez más competitivo.
El conocimiento como eje de integración
Más allá de los beneficios económicos, el consultor subraya que el pacto reposiciona al Mercosur como un bloque confiable dentro de la agenda internacional, alineado con valores democráticos, institucionales y multilaterales.
En ese marco, destaca el rol que pueden desempeñar España y Portugal como puentes naturales entre Europa y Sudamérica, gracias a los vínculos históricos, culturales y lingüísticos.
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“El acuerdo puede traducirse en programas universitarios bilaterales, intercambio de talento y cooperación tecnológica que beneficien especialmente a países pequeños como Paraguay”, explica Algora.
A su juicio, este tipo de iniciativas permitiría integrar a la región en redes de conocimiento europeas que trascienden la mera apertura de mercados y fortalecen el capital humano.
Evitar una relación asimétrica
No obstante, el experto advierte que la implementación del acuerdo debe ser cuidadosa para evitar impactos negativos en los sectores más vulnerables, como las pequeñas y medianas empresas.
Al respecto, remarca la necesidad de acompañar la adopción de estándares europeos con políticas que fortalezcan capacidades locales y eviten una relación asimétrica entre ambos bloques.
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“El diálogo debe incluir con fuerza temas como empleo, educación, desarrollo territorial y protección social, para asegurar que el acuerdo sea inclusivo y sostenible”, enfatiza.
Para el académico, la sostenibilidad real del pacto a largo plazo dependerá de su capacidad para transformarse en una alianza basada en conocimiento, innovación y cooperación educativa y cultural, más que en un instrumento puramente comercial.