El río Pilcomayo volvió a registrar un aumento importante de su nivel este viernes, al alcanzar los 5,85 metros en la regla hidrométrica de Pozo Hondo–Misión La Paz, en la frontera entre Paraguay y Argentina, según el informe oficial de la Comisión Trinacional del Pilcomayo (CTP).
El incremento del caudal resulta significativo si se considera que el pasado lunes 19 de enero el nivel del río en ese mismo punto era de 4,09 metros. Ante esta evolución, la Comisión Nacional de Regulación y Aprovechamiento Múltiple de la Cuenca del Río Pilcomayo (CNRP) intensificó el monitoreo y mantiene activa la alerta naranja.
La situación genera preocupación entre los pobladores del Chaco paraguayo, quienes advierten que el agua está ingresando al territorio nacional sin que terminen en forma adecuada las tareas de limpieza y canalización, hehco eleva el riesgo de desbordes e inundaciones, como ocurrió el año pasado, afectando a comunidades como Pozo Hondo y General Díaz, que quedaron aisladas.
Una de las principales inquietudes se centra en la embocadura del canal paraguayo, donde el muro levantado para regular el ingreso del agua cedió con la primera crecida. Esto provocó el ingreso de un importante volumen de agua y sedimentos, sin que existan condiciones óptimas para su conducción, según denuncian los afectados.
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“Con agua de lluvia ya estuvimos casi todos ahogados”
“Es realmente muy preocupante. Con agua de lluvia nomás ya estuvimos casi todos ahogados, y ahora con la crecida del Pilcomayo la situación puede empeorar”, manifestó Norma Servín, pobladora del Chaco. Indicó que solo una pequeña parte del caudal estaría ingresando al canal paraguayo, mientras el resto se desborda, afectando especialmente al departamento de Boquerón.
La pobladora cuestionó que los trabajos de limpieza se hayan limitado a pocos kilómetros cercanos a la embocadura y solo a una parte del Bajo Chaco, en la zona de General Díaz, donde un puente había quedado enterrado. Lamentó que no se haya intervenido en tramos críticos como Tuscal, Mistolar y otras zonas donde el sedimento se acumula, enterrando alambrados, viviendas y afectando seriamente la actividad ganadera. “No se culminó ningún mantenimiento de canal y ahora ya no se puede hacer porque el agua ya llegó”, sostuvo.
Servín también reclamó la falta de información oficial y de acompañamiento de las autoridades. “Antes se informaba cuánta agua entraba, cómo estaba la embocadura. Hoy no tenemos datos y nos sentimos totalmente abandonados”, lamentó, al tiempo de advertir que los caminos de acceso también están en riesgo, lo que dificulta la salida de las comunidades para comprar alimentos o acceder a centros de salud.
En una línea similar, Silvia Torres, otra pobladora de la zona, afirmó que la situación es comparable a la del año pasado y que los trabajos “se hicieron mal”. “No se hizo ningún trabajo que valga la pena. Se canaliza mal y el sedimento que se saca vuelve a caer al canal cuando el río crece. Es una vergüenza”, expresó, y advirtió que, de cumplirse los pronósticos de nuevas lluvias, la situación podría agravarse.
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Comisión rechaza las denuncias
Ante las críticas, el director de la CNRP, Darío Medina, rechazó las denuncias y aseguró que se trata de informaciones “falsas y muchas veces tergiversadas”.
“Muchos de los que hablan tuvieron problemas por aguas de lluvia. El agua del río se escurre normalmente”, afirmó Medina, quien señaló que estuvo recientemente en la zona de la embocadura y que el ingreso del agua se da “con total normalidad”. Añadió que técnicos de la Comisión del Río Pilcomayo realizan monitoreos constantes, incluso en la zona de General Díaz.
El funcionario informo además que los trabajos se están ejecutando por etapas y que, de haber obstrucciones, el agua no hubiera llegado a puntos como General Díaz o la estancia Sombrero Hovy. “Todavía tenemos al menos tres meses de aguas altas, dependiendo de las lluvias en la cuenca alta en Bolivia. El período de aguas bajas normalmente comienza entre junio y septiembre u octubre”, explicó.
Mientras tanto, los pobladores insisten en que la falta de obras integrales y de mantenimiento adecuado vuelve a dejarlos expuestos a un escenario de posibles inundaciones, en un contexto en el que temen que la historia se repita una vez más con cada crecida del Pilcomayo.
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Millonaria adjudicación: “Es una comida de plata”
El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), encabezado por Claudia Centurión, firmó millonarios contratos para la ampliación y profundización del canal de toma de aguas del río Pilcomayo. El contrato fue adjudicado recién en octubre del año pasado, pese a que la ejecución de los trabajos depende estrictamente del calendario natural de lluvias y del escaso margen de tiempo disponible antes de las riadas.
La adjudicación, bajo la modalidad de contrato abierto y por un monto de hasta G. 100.000 millones, abarca más de 450 kilómetros en línea recta, desde el Hito 1 (Esmeralda) hasta el Estero Patiño. El Lote 1 fue asignado a Tocsa S.A., con un monto estimado entre G. 20.000 millones y G. 40.000 millones; el Lote 2, al Consorcio Fortín General Díaz (L.T.S.A.–Black S.A.), por un rango de G. 22.000 millones a G. 44.000 millones; mientras que el Lote 3 fue adjudicado a Hugo Oscar Navarro Ruíz Díaz, por un monto de entre G. 8.000 millones y G. 16.000 millones.
El contrato tiene vigencia hasta el 31 de diciembre de 2026 e incluye tareas de limpieza y profundización del cauce, interconexión de cañadas, construcción de muros de protección y mejoras de caminos para el tránsito de maquinarias y el acceso de las comunidades.
Sin embargo, para los pobladores, la magnitud de los recursos adjudicados no se refleja en el terreno. “Esto es una comida de plata de año a año. Se habla siempre de lo mismo y siguen haciendo mal los trabajos”, cuestionó Torres, quien afirmó que las obras ejecutadas hasta ahora no son suficientes ni efectivas para evitar las inundaciones recurrentes.