La pregunta central que surge de este evento no solo es cuál fue su causa puntual, sino por qué una falla de origen local tuvo la capacidad de escalar hasta una interrupción generalizada del servicio eléctrico. Abordar esta cuestión exige desplazar el análisis desde el incidente específico hacia las condiciones estructurales del sistema de transmisión y su capacidad real de resiliencia.
Para ello, el análisis del Ing. Daniel Ríos, del Grupo de Investigación en Sistemas Energéticos (GISE) de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). recurre a fuentes oficiales de planificación que describen la arquitectura del sistema eléctrico nacional, sus limitaciones actuales y las soluciones estructurales previstas.
En particular, utiliza el Plan Maestro de Transmisión de la ANDE como marco técnico de referencia, no como objeto de evaluación, sino como el documento que permite contextualizar el evento dentro de una trayectoria conocida de expansión y refuerzo del sistema.
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“El Plan Maestro aporta una base objetiva para comprender por qué el sistema opera hoy con niveles limitados de redundancia y cuáles son las obras identificadas para corregir esa situación”, señala.
Es así, que el Ing. Ríos indica que desde esta lectura estructural del evento, y a partir del contraste entre la configuración actual del sistema y las soluciones ya reconocidas en la planificación oficial, es posible sintetizar un conjunto acotado de acciones políticas clave que requieren atención prioritaria de los tomadores de decisión y las enumera:
1. Garantizar la finalización de la Línea de Transmisión 500 kV Yguazú – Valenzuela dentro del plazo comprometido (fines de 2026). Esta obra es crítica para introducir una segunda vía de transporte en 500 kV desde Itaipú Binacional hasta Asunción y área metropolitana. “Esto ayudaría a reducir significativamente la exposición ante fallas simples”, manifiesta.
Agrega que esta línea actualmente esta en construcción, y su culminación debe ser tratada como un objetivo de seguridad energética nacional, con seguimiento político directo.
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2. Propiciar de manera inmediata la construcción del segundo circuito de la Línea 500 kV Margen Derecha Itaipú – Villa Hayes (valuada en US$ 180- 200 millones). “Esta infraestructura es la pieza faltante para dotar al sistema de una redundancia estructural adecuada. Retrasar su ejecución puede prolongar la exposición a un riesgo sistémico, ante el crecimiento sostenido de la demanda, y aún cuando soluciones técnicas y financieras ya han sido identificadas”, apunta.
3. Acompañar y profundizar las investigaciones técnicas en subestaciones críticas, en particular Yguazú. Identificar eventuales vulnerabilidades de diseño u operación que puedan generar, en la práctica, escenarios equivalentes a fallas “N-2” es fundamental para fortalecer la resiliencia del sistema y preparar mejor las instalaciones ante contingencias futuras.
“El apagón reciente no es relevante por su causa puntual, sino por lo que revela: que, sin decisiones políticas oportunas para fortalecer la transmisión y el respaldo estructural del sistema eléctrico, eventos fortuitos seguirán teniendo la capacidad de transformarse en crisis de alcance nacional”, sostiene el ingeniero del GISE.
Finalmente, enfatiza en que la planificación ya identifica las soluciones; el desafío actual es asegurar su ejecución en tiempo y forma.