Cómo cubrir el precio de la soja antes de que “El Niño” o la cotización decidan por vos

Un estudio de DatumPy identificó 4,65 millones de hectáreas del país con condiciones potenciales de vulnerabilidad frente a excesos hídricosGENTILEZA

Un estudio de DatumPy identificó 4,65 millones de hectáreas del país con condiciones potenciales de vulnerabilidad frente a excesos hídricos, con el pico de impacto esperado entre octubre y diciembre. En simultáneo, las herramientas financieras de Chicago –PUT, CALL y sus combinaciones– ganan terreno entre los productores que buscan blindar el margen antes de la cosecha. Nelson Almada, consultor en agronegocios, y Diego Rodríguez, representante de DatumPy, cruzan el mapa climático con la estrategia de comercialización.

El productor de soja convive con una incomodidad estructural: tiene que decidir el precio de su producción meses antes de saber cuánto va a cosechar. Entre la siembra y la trilla puede cambiar el clima, la logística y, sobre todo, la cotización en Chicago. Ese desfase es el terreno donde se juega buena parte de la rentabilidad de la campaña.

“La gestión de riesgo de precio no busca el máximo del mercado. Busca previsibilidad para cuidar el margen”, resume Nelson Almada, consultor en agronegocios. Es la frase que ordena todo lo demás: no se trata de adivinar el techo ni el piso del mercado, sino de construir un colchón antes de que el mercado decida por el productor.

El mapa del riesgo en números

Antes de hablar de coberturas financieras, hay que mirar el terreno. El fenómeno “El Niño” viene generando atención desde comienzos de año por su efecto sobre el régimen de lluvias. Diego Rodríguez, representante de DatumPy, lideró un estudio de vulnerabilidad agroclimática que cruzó topografía, propiedades de suelo, capacidad de infiltración y drenaje en todo el territorio nacional.

El resultado es 4.651.000 hectáreas con condiciones potenciales de vulnerabilidad frente a excesos hídricos. Dentro de ese universo, unas 500.000 hectáreas de soja están asentadas sobre suelos con limitaciones de drenaje, concentradas principalmente en San Pedro, Itapúa, Canindeyú y Caaguazú.

“No es una predicción de daños, es una evaluación de condiciones potenciales”, aclara Rodríguez. La diferencia es importante, el estudio no dice qué mirar con más atención. Su utilidad está en orientar el monitoreo de lluvias, humedad de suelo y estado de los cultivos, especialmente entre octubre y diciembre, cuando el fenómeno se espera más activo.

El comportamiento, además, no es uniforme. En la región Oriental, “El Niño” tiende a favorecer un aumento de las precipitaciones, lo que eleva la exposición a excesos hídricos en determinadas zonas agrícolas.

En el Chaco, la respuesta pluviométrica es más errática, con mayor variabilidad en el Chaco Central y el Alto Chaco. Ahí el monitoreo continuo deja de ser un consejo genérico y pasa a ser una necesidad concreta.

PUT: el seguro que no se llama seguro

Con el mapa climático sobre la mesa, aparece la segunda capa de gestión de riesgo: la financiera.

“Muchos productores asocian la palabra seguro solo a las pólizas climáticas. Es un error costoso”, dice Almada. Existe otro tipo de cobertura, negociada en los contratos de soja de Chicago: las opciones sobre futuros.

La opción PUT funciona como un piso de precio. Si un productor calcula que necesita 1.200 bushels para cubrir costos y dejar margen, puede comprar una opción PUT sobre ese nivel.

Si el mercado cae, la opción gana valor y compensa parte de la caída del físico. Si el mercado sube, el productor sigue beneficiándose de la suba, descontando el costo de la prima.

En una frase: PUT es protección frente a la caída, sin resignar la posibilidad de participar de una suba. Ese seguro tiene un precio, la prima, pero no obliga a nada. Es un derecho, no una obligación.

CALL: la otra cara de la moneda

La opción CALL trabaja en sentido inverso. Da derecho a participar de una eventual suba del mercado, y suele usarla el productor que ya vendió o fijó precio y no quiere quedar completamente afuera si el mercado sigue subiendo después.

También puede combinarse con otras estrategias. La clave, insiste Almada, es que no existe una fórmula universal: la elección depende del nivel de precio que cada productor necesita proteger, el costo de la cobertura, el momento de comercialización y qué porcentaje de la producción quiere cubrir.

El PUT Spread para cuando el costo de la prima pesa

Comprando un PUT, el productor adquiere protección ante la caída, pero si el mercado mejora, sigue beneficiándose del precio físico.

Hay una variante pensada para productores que quieren proteger un nivel de precio, pero sin pagar la prima completa de un PUT, y es el PUT Spread.

La mecánica consiste en comprar un PUT a un precio de ejercicio determinado y vender otro PUT a un precio inferior.

Por ejemplo: comprar PUT 1.250 bushels y vender PUT 1.150 bushels.

El productor paga la prima del que compra y cobra la del que vende; la diferencia entre ambas define el costo neto de la estrategia, más bajo que el de una cobertura simple.

La contracara: la protección queda limitada al nivel del PUT vendido. Por debajo de ese piso, el productor vuelve a estar expuesto. “Antes de usar una estrategia así hay que tener claro el nivel de protección, el costo y qué pasa si el mercado sigue cayendo”, advierte Almada.

Proteger no es dejar de apostar a la suba

Uno de los frenos más comunes a la hora de vender anticipado es el miedo a quedarse afuera si el mercado sigue subiendo después.

Ahí es donde las opciones cambian la ecuación: permiten fijar un piso sin renunciar a la suba.

Comprando un PUT, el productor adquiere protección ante la caída, pero si el mercado mejora, sigue beneficiándose del precio físico. Por eso la herramienta resulta atractiva para quien quiere cuidar un piso sin fijar de una vez toda la venta.

La lógica se puede llevar a una cartera completa: parte de la producción con precio fijado, otra parte cubierta con PUT, otra abierta al mercado, y eventualmente CALL para ajustar la exposición. Distribuir el riesgo, en lugar de apostar todo a una sola decisión. “Uno de los errores más frecuentes en la comercialización es intentar adivinar el máximo o el mínimo del mercado”, resume Almada.

La recomendación: vender por partes

Es la pregunta que no falla en ninguna conversación del sector. Con la mejora reciente del mercado, la recomendación de Almada apunta a aprovechar la ventana: vender al menos una parte de la producción ahora, y diversificar el resto en distintos momentos y niveles de precio.

La idea no es acertar el techo del mercado –algo que, insiste, nadie logra de forma sistemática– sino asegurar los costos de producción y usar herramientas de cobertura para el resto. Entre un mapa climático que marca dónde mirar con más cuidado y un menú financiero que permite fijar pisos sin cerrar la puerta a las subas, el productor de soja llega a esta campaña con más información –y más instrumentos– que hace apenas unos años.

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