Paraguay envejecerá en la mitad del tiempo que Europa: ¿estamos preparados?

Si bien el envejecimiento es un fenómeno inevitable, su impacto económico no está predeterminado. Se barajan acciones para el efecto.Gentileza

La población paraguaya envejece aceleradamente, mientras el país todavía no cuenta con una respuesta suficiente para atender las necesidades de cuidado. Investigaciones de Cadep advierten sobre los riesgos para la economía, el empleo femenino y la sostenibilidad del sistema jubilatorio.

Paraguay atraviesa una transformación demográfica acelerada que plantea nuevos desafíos económicos y sociales. La población vive más años, disminuye la cantidad de hijos por mujer y aumenta la proporción de adultos mayores.

Sin embargo, las políticas públicas todavía no responden plenamente a las necesidades de cuidado que genera este cambio, ya que en nuestro país sigue marcado por la informalidad laboral y la limitada cobertura de la seguridad social.

Esta fue una de las principales advertencias planteadas por investigadores e investigadoras del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP), liderada por la economista Verónica Serafini, durante la presentación los resultados finales de dos investigaciones financiadas a través del programa del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). El encuentro fue desarrollado ayer, en la sede de la Sociedad Científica del Paraguay, en Asunción.

Los analistas de CADEP plantean que invertir en servicios de cuidado puede impulsar el empleo femenino, aumentar los ingresos fiscales y mejorar la atención de niños y adultos mayores.

Paraguay envejece: Este es el diagnóstico

Serafini, coautora junto con Ana Rojas Viñales del estudio “Paraguay envejece: la transformación silenciosa que el Estado debe asumir”, señaló que el país enfrenta una transición demográfica particularmente rápida, sin contar con políticas suficientes para acompañarla.

“Estamos transitando en una transición demográfica muy rápida para envejecer en la mitad de tiempo de lo que envejeció Europa sin contar con políticas para esa transición”, expresó.

En la jornada también se presentaron los resultados de la investigación Triple dividendo del cuidado: crecimiento económico y pobreza, ingresos fiscales y capital humano, que analiza los beneficios económicos y sociales de invertir en servicios de atención a niños y adultos mayores.

Verónica Serafini advirtió que Paraguay atraviesa una transición demográfica acelerada sin políticas públicas suficientes para afrontar el envejecimiento de la población.

Paraguay: una población que envejece en menos tiempo

Los datos recopilados por las investigaciones, a partir de proyecciones del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y de las Naciones Unidas, muestran la magnitud del cambio demográfico.

En 1950, la esperanza de vida al nacer en Paraguay era de 58 años. Para 2024, había aumentado a 74 años. En el mismo período, la tasa global de fecundidad cayó de 6,5 a 2,4 hijos por mujer, mientras que la proporción de menores de 15 años descendió del 46,3% al 28,6% de la población.

En contrapartida, la población de 60 años y más pasó del 6% al 10% del total. Las proyecciones citadas en el estudio indican que este grupo superará el 20% hacia 2050.

La población de entre 15 y 59 años representa actualmente el 61,5% del total, frente al 47,7% registrado en 1950. Esta estructura todavía ofrece una oportunidad para impulsar el crecimiento económico, aunque aprovecharla dependerá de la capacidad de generar empleos formales, fortalecer la educación y ampliar la participación laboral.

El problema, según el análisis, es que las políticas públicas siguen respondiendo, en buena medida, a una estructura familiar y social que cambió. Las familias numerosas, las redes comunitarias de apoyo y una población predominantemente rural dieron paso a una sociedad más urbanizada, en la que las distancias, el tránsito y las jornadas laborales dificultan la organización de los cuidados.

Si bien el envejecimiento es un fenómeno inevitable, su impacto económico no está predeterminado. Se barajan acciones para el efecto.

La pobreza de tiempo golpea a las mujeres

La transformación demográfica también expone la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Serafini advirtió que la pobreza no se mide solo por los ingresos, sino también por el tiempo disponible.

Aunque la pobreza monetaria disminuye, los hombres salen de esa condición más rápido que las mujeres, según el índice de feminidad de la pobreza de la Cepal citado en la presentación. Al mismo tiempo, ellas se incorporan al mercado laboral, pero siguen asumiendo la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado.

Esta sobrecarga limita sus posibilidades de acceder a empleos de jornada completa, mejorar sus ingresos y cotizar en la seguridad social. La falta de servicios de cuidado también obliga a algunas a reducir sus jornadas o aceptar trabajos informales.

En Paraguay, los hogares encabezados por mujeres representan el 41% del total. A esto se suman las dificultades para atender a adultos mayores y los riesgos que enfrentan los niños que quedan solos o al cuidado de otros menores, agravados por las distancias urbanas y los problemas de transporte.

Las mujeres viven más años que los hombres, pero llegan a edades avanzadas con mayor vulnerabilidad económica, menor cobertura jubilatoria y una mayor incidencia de la viudez, advierte la investigación de CADEP.

Tres oportunidades antes de que se cierre la ventana demográfica

Pese a los riesgos, las investigaciones identifican oportunidades para aprovechar la estructura actual de la población. De acuerdo con las proyecciones de CADEP, mientras el bono demográfico promedio de América Latina y el Caribe finalizaría hacia 2028, Paraguay mantendría esta ventana de oportunidad al menos hasta 2040.

El primer componente es el bono demográfico tradicional, asociado a la elevada proporción de personas en edad de trabajar. Esta ventaja puede traducirse en mayor crecimiento si se acompaña de empleo formal, educación e inversión productiva.

El segundo es el denominado segundo bono demográfico, vinculado a las personas de entre 50 y 70 años. En esta etapa, muchas han reducido sus responsabilidades de crianza y todavía no enfrentan niveles elevados de dependencia por envejecimiento. Esto puede favorecer una mayor capacidad de ahorro y de contribución a los sistemas de seguridad social antes del retiro.

El tercer componente es el bono de género, que consiste en ampliar la participación económica de las mujeres que permanecen fuera del mercado laboral formal o se encuentran subempleadas debido a sus responsabilidades de cuidado.

Las investigaciones consideran que facilitar la incorporación laboral de estas mujeres constituye una oportunidad para elevar la productividad, aumentar los ingresos familiares y ampliar la base de contribuyentes.

La población de entre 15 y 59 años representa el 61,5% del total en Paraguay, una oportunidad para impulsar el crecimiento económico mediante el empleo formal, la educación y la inversión productiva.

Invertir en cuidados puede generar un triple retorno

Por otro lado, el estudio sobre el triple dividendo del cuidado plantea que estos servicios no son solo un gasto asistencial, sino una inversión con beneficios económicos y sociales.

El primer retorno es el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, al facilitar que más mujeres accedan a empleos remunerados o amplíen sus jornadas laborales. El segundo es el aumento de los ingresos públicos, mediante la recaudación del IVA y los aportes a la seguridad social. El tercero es el desarrollo del capital humano, a través de la atención infantil y el cuidado de adultos mayores y personas dependientes.

Serafini destacó la importancia de contar con guarderías cuyos horarios se adapten a las jornadas laborales. La investigación también resalta el papel de los municipios en la creación de centros comunitarios de cuidado cercanos a los hogares.

Más adultos mayores y presión sobre las jubilaciones

Asimismo, el envejecimiento plantea desafíos para la salud pública, la protección económica y la sostenibilidad previsional. Según el estudio, en 2025 había 154 mujeres por cada 100 hombres entre las personas de 80 años y más. Aunque viven más, ellas enfrentan mayor vulnerabilidad económica y menor cobertura jubilatoria.

El crecimiento de la población de edad avanzada también aumenta la demanda de atención por enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, la diabetes y las demencias, y puede elevar los gastos familiares.

A su vez, la reducción de la relación entre cotizantes activos y pensionados presionará sobre un sistema fragmentado y de baja cobertura.

Según las proyecciones de la Cepal y el BID citadas en la investigación, el gasto público y privado en pensiones, salud y atención a la dependencia en América Latina aumentaría del 11,7% del PIB en 2020 al 18,9% en 2050.

La reducción de la relación entre cotizantes activos y jubilados presiona la sostenibilidad del sistema previsional paraguayo, que enfrenta desafíos por el envejecimiento de la población y la baja cobertura jubilatoria.

El desafío de llevar la evidencia a las políticas públicas

Las investigaciones plantean la necesidad de articular a la comunidad académica, los sectores sociales y las autoridades para transformar los resultados en medidas concretas. Entre los desafíos figuran la ampliación de los servicios de cuidado, la adaptación de las políticas sociales a la nueva estructura demográfica y el fortalecimiento de la protección económica durante la vejez.

La disponibilidad de recursos presupuestarios y los cambios normativos son parte de la respuesta, pero Serafini advirtió que también se necesita una mayor participación ciudadana para instalar estos asuntos en la agenda política. “Sin demanda social no hay incorporación en la agenda pública”, sostuvo.

Paraguay todavía dispone de tiempo para aprovechar su bono demográfico, pero la ventana no permanecerá abierta indefinidamente. La capacidad de convertir esa oportunidad en empleo formal, mayor productividad y mejores condiciones de vida dependerá, en buena medida, de que el país reconozca el cuidado como una necesidad social y económica, y no únicamente como una responsabilidad que recae sobre las familias.

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