Exitosa recuperación de Tacumbú de las garras de la mafia

Un acontecimiento sin precedentes ha constituido la acción del Gobierno que ha concluido en la recuperación de la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, que por mucho tiempo ha estado en manos del clan liderado por Armando Rotela. En la operación participaron 1.000 militares y 1.500 policías, debiendo lamentarse la muerte de uno de estos últimos y de 36 heridos, varios de ellos de gravedad. Por el otro lado, fallecieron once reos. Es de desear que en todas las cárceles terminen los presos vip, que todos los reclusos sean manejados sin privilegios, ya se trate de criminales mafiosos o de delincuentes de guante blanco. Es hora de tomar el toro por la astas, protegiendo a la población amenazada incluso desde detrás de las rejas.

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Un acontecimiento sin precedentes ha constituido la acción del Gobierno que ha concluido en la recuperación de la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, que por mucho tiempo ha estado en manos del clan liderado por Armando Rotela. En la operación participaron 1.000 militares y 1.500 policías, debiendo lamentarse la muerte de uno de estos últimos y de 36 heridos, varios de ellos de gravedad. Por el otro lado, fallecieron once reos. El temible capomafioso se entregó en su pabellón, donde se hallaron tres fusiles y dinamita en gel, y fue conducido a un sitio de “máxima seguridad”. Por su parte, unos 700 presos, sobre un total aproximado de 2.900, fueron trasladados a otras cárceles, donde los principales secuaces del jefe del clan estarán aislados, según Rodrigo Nicora, viceministro de Política Criminal del Ministerio de Justicia. El objetivo sería desplazar a unos mil.

El mismo órgano informó que la “Operación Veneratio” buscaba erradicar “los privilegios y potestades de las bandas criminales en la operación de este penal, una mejor distribución de internos”, así como “mejorar la presencia institucional y operativa del Estado en un territorio plenamente secuestrado por la criminalidad desde hace años”. En verdad, la mayor prisión del país, cerrada por hacinamiento a fines de agosto y reabierta dos meses después, tras un motín, se había vuelto un centro de operaciones del citado grupo mafioso paraguayo, en pugna sangrienta con la organización criminal brasileña Primer Comando da Capital, por el control del colapsado sistema penitenciario: aún se recuerda la masacre de San Pedro, en la que en 2019 murieron diez miembros del Clan Rotela, que manejaría nueve de las diecisiete prisiones.

Esa disputa abierta se producía ante la indolencia de las autoridades ministeriales y carcelarias, a la que se suma la corrupción galopante, una de cuyas últimas señales fue el reciente hallazgo de drogas ilícitas y de bebidas alcohólicas en la Penitenciaría Regional de Ciudad del Este. Durante décadas se venían sucediendo los ministros de Justicia, los directores generales de Establecimientos Penitenciarios y los de prisiones regionales, en tanto que proliferaban las sugerencias de entidades tanto privadas como oficiales, nacionales y extranjeras, pero todo seguía igual. Se espera que esta iniciativa marque el inicio de una era que conduzca a la liberación de los territorios plenamente secuestrados en las diversas cárceles y que el control estatal se mantenga a toda costa, con la fuerza de la ley en las manos.

Ahora es preciso impedir que los reclusos trasladados formen nuevos grupos en sus lugares de destino o que se sumen a otros ya constituidos, con lo que se habrá conseguido que la metástasis cuyo epicentro estaba en Tacumbú se extienda a las demás prisiones. Para evitarlo, será indispensable depurar el personal penitenciario, porque mientras ello se ignore, la historia se repetirá no solo en la prisión de Tacumbú, sino en cualquier otra en que penetre el copioso dinero de la mafia. Los cabecillas deben ser monitoreados de continuo, las celdas inspeccionadas regularmente y las comunicaciones vía teléfono móvil impedidas. Por otra parte, de nada valdrá reforzar el presupuesto del sistema carcelario si sus dirigentes y el personal siguen siendo ineficientes y corruptos.

Es, sin duda alguna, importante la intervención realizada ayer por el Gobierno en Tacumbú. Es de desear que en todas las cárceles terminen los presos vip, que todos los reclusos sean manejados sin privilegios, ya se trate de criminales mafiosos o de delincuentes de guante blanco. Porque suele acontecer que se tomen medidas más o menos espectaculares, como la comentada, solo para dar la impresión de que algo se está haciendo, para luego volver a lo de siempre. Es hora de tomar el toro por la astas, protegiendo a la población amenazada incluso desde detrás de las rejas.

“Basta de privilegios, basta de complicidad y descontrol, pero, sobre todo, basta de un modelo que convertía a las cárceles en verdaderas escuelas del delito y del crimen”, dijo ayer el presidente Santiago Peña tras el exitoso operativo. Es de desear que no se trate de vanas promesas, como otras que ahora está olvidando.

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