Breves puntualizaciones sobre el arte paraguayo

Daniel Nasta, presidente de la Fundación Texo de arte contemporáneo, ha tenido la amabilidad de hacernos llegar algunas observaciones a propósito de un artículo publicado el domingo pasado en estas mismas páginas; por considerarlas de interés general, las compartimos aquí con la autorización de su autor.

Fundación Texo, Asunción, Paraguay.
Fundación Texo, Asunción, Paraguay.

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A Montserrat Álvarez

Directora del Suplemento Cultural

Diario ABC Color

Estimada Montserrat,

He leído el artículo «Cambios de gustos y cambios sociales», de Amira Labriega, publicado en El Suplemento Cultural el domingo 16 de julio, y quiero puntualizar que, más allá de estar muy bien escrito, hay algunos puntos que me parece que no terminan de reflejar la realidad del arte paraguayo a partir de la década del 60.

Amira dice: «La figura más resaltante de los 80 y 90 es sin duda Ricardo Migliorisi»; quiero sumar y destacar la figura de Bernardo Krasniansky (compañeros con Ricardo e influyentes el uno en el otro), que, pese a vivir en Sao Paulo, Brasil, desde los 20 años, siguió siendo parte de la escena artística paraguaya, estimulando a muchos artistas plásticos que fueron incorporándose como referentes de una pintura contemporánea paraguaya cada vez más rica y estéticamente más interesante, y también con una creatividad y productividad sorprendentes en su propia obra. (El año pasado me toco visitar el MoMA de Nueva York y pude percibir diversas fuentes de inspiración de la obra de Bernardo, lo que me llevó a reflexionar en que el arte tiene muchas formas de nutrirse y manifestarse, entendiendo que el artista, en su proceso evolutivo, genera su propio crecimiento, más allá de la gestión de «empanadas», que, sinceramente, y comparando con otros exponentes, he visto muy poco en la obra de Krasniansky*).

Así también, cuando hablamos de los Novísimos, los veinteañeros Enrique Careaga, William Riquelme, Ángel Yegros, José Antonio Pratt Mayans, no podemos dejar de mencionar a Ricardo Yustman, que inicialmente formó parte de este movimiento, pero, por su manera personal de ser, decidió no participar activamente en ninguna corriente del arte paraguayo; sin embargo, nadie puede dejar de reconocer el valor de su obra artística y la calidad de sus dibujos.

Esta nota no pretende crear polémica alguna, pero desde la Fundación Texo, que me toca presidir, estamos comprometidos a preservar la realidad evolutiva del arte paraguayo, moderno y contemporáneo, para que las futuras generaciones puedan nutrirse, aceptar y entender el proceso creativo de las diversas etapas de las artes plásticas en nuestro país.

Afectuosos saludos,

José Daniel Nasta.

(*) La Colección Nasta, administrada por la Fundación Texo, cuenta con más de 7000 obras, de las cuales las de Krasniansky suman 900+ entre óleos, grabados, fotocopias, esculturas y otros.

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