El corazón es un ovillo hecho de memorias, o los secretos del ñandutí

Es para niños y también para adultos «puesto que trata de traumas universales como el dolor por la ausencia o la nostalgia de lo perdido», escribe el crítico catalán Xavier Padullés sobre la obra Secretos de Ñandutí, que acaba de concluir su gira nacional e internacional.

"Secretos de Ñandutí" (Foto: Cortesía de Kunu’u Títeres).
"Secretos de Ñandutí" (Foto: Cortesía de Kunu’u Títeres).

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Secretos de Ñandutí es una poética creación de títeres y sombras a cargo de sus magníficas manipuladoras Carola Mazzotti y Tessa Rivarola. Tejen un mundo de sueños, pesadillas, frustraciones, muerte y apariciones para mostrarnos que nada es lo que aparece y que el corazón, cuando quiere y necesita, todo lo puede. Esto simboliza la pasión inconmensurable del amor y la compasión contra el miedo y la soledad que azota a la nieta protagonista al inicio del espectáculo. Solo rescatando la memoria a través de su corazón nostálgico por la pérdida (de su propio corazón al carecer de abuela) llegará, para sanar, al fondo de la cuestión encontrando solución a su enigma con relación a su abuela fenecida en la guerra.

Lo entrañable se instala en este pulcro espectáculo para niños, pero también para adultos, puesto que trata de traumas universales como el dolor por la ausencia o la nostalgia de lo perdido. Es cuando la niña (buscadora de sueños casi imposibles) indaga desde su propio corazón (un espacio vacío en el muñeco) que finalmente, y gracias a una totémica araña, llegará a encontrar su corazón: un ovillo color sangre. Pero, como todo ovillo, este tiene un principio y un fin. Al final de esa madeja encontrará a su abuela, asesinada en la Guerra Guasú de 1870. Aparecida mediante un sueño lúcido a su nieta, sus corazones se entrelazan mediante ese hilo metafísico, que es la sangre de los ancestros. Habrán sanado sus heridas.

Leticia Guimaraes, su directora, consiguió dar un buen ritmo al espectáculo (de casi una hora de duración). Su fina puesta en escena (rica en luces) dividió el espacio escénico en dos ámbitos, la pantalla de sombras y la zona de títeres. De este modo vislumbramos esa caverna de Platón de las sombras donde se entretejen los sueños o la pesadilla de la Guerra en contraste con el mundo «real» en que viven los títeres. Con una buena unidad de tono, ya que se trata de dos lenguajes parecidos pero diferentes al final, Secretos de Ñandutí deja un sabor como de realismo mágico por su poética apuesta narrativa.

Esta lírica producción paraguayo-brasileña, a través de las compañías Kunu’u Títeres y Cia. do Abraçao, nos interpela sobre la necesidad de reconciliación entre naciones (Brasil ocupó durante largos años Paraguay de forma muy sangrienta bajo los auspicios británicos) y al mismo tiempo, como si de constelaciones familiares se tratara, interroga al público paraguayo sobre si sus corazones (y espíritu) están sanados de esa salvaje guerra que tanto diezmó a su población.

En la función que vimos el 7 de julio, en la BioEscuela El Cántaro, más de una lágrima de emoción se derramó en las mejillas de espectadores de diversas edades, y al finalizar el espectáculo personas se cuestionaron esas heridas aún no sanadas de sus ancestros por culpa de la cruel guerra.

Realismo, historia, sueños, pesadillas… pero sobre todo es un espectáculo metafísico y lo es porque corazón y espíritu son los protagonistas junto con una Araña que los entrelaza y los encauza. Ya que este insecto como animal de poder es tejedor de sueños y de avisos cuando hay que sanar pesadillas del subconsciente colectivo y familiar. Aquí sustituyen la tela de araña por la artesanía Ñandutí (forma parte de la identidad paraguaya) y por ello este tejido tradicional (como si de atrapasueños se tratase) se convierte en un elemento cosmológico que une el presente con el pasado generando un espacio atemporal donde el sueño es el medio para llegar al perdón mediante el amor del corazón.

"Secretos de Ñandutí" (Foto: JuanJo Ivaldi Zaldivar)
"Secretos de Ñandutí" (Foto: JuanJo Ivaldi Zaldivar)

Ficha Técnica

Idea original: Compañía Kunu’u Títeres y Ariel Fatecha.

Dirección: Leticia Guimarães.

Asistente de dirección: Eduardo García.

Producción ejecutiva: Tessa Rivarola.

Asistente de producción: Carola Mazzotti (Paraguay), Heloisa Giovenardi, Ana Sercunvius (Brasil).

Actrices titiriteras: Carola Mazzotti y Tessa Rivarola.

Dramaturgia: Tessa Rivarola sobre creación colectiva del elenco.

Diseño y realización de títeres: Carola Mazzotti.

Diseño y realización escenográfica: Carola Mazzotti y Eduardo García.

Asistente de realización escenográfica: Iris Albinet-Gauci.

Confección de pantalla para sombras: AD Creaciones de Felicia Chamorro.

Diseño, montaje y operación de luces: Blas Torres.

Asistente de Iluminación: Dylan Willms.

Diseño y realización de teatro de sombras: Carola Mazzotti y Eduardo García.

Asesoramiento en sombras: Marcello Karagozwk (Cia. Karagozwk) y Juliana Cordeiro (Cia. do Abração).

Música: Ronald (Firu) Páez y voces de Eduardo García sobre la melodía «Desapego» (Purahei Soul); Karla Izidro («Pasaje de tiempo» y «Tema final»).

Concepto estético: creación colectiva del equipo de coproducción.

Asesoramiento para investigación estética: Noelia Buttice.

Obras de tejido de ñandutí: Norma Martínez.

Corazón de ñandutí: Paz Moreno Re.

Manta tejida: Ada Frutos Flores.

Caracterización de las actrices: Heloisa Giovenardi, Ana Sercunvius.

Fotografía: Juanjo Ivaldi Zaldívar.

Audiovisual de registro de la investigación: Juanjo Ivaldi Zaldívar, sobre relatos de las tejedoras Teresa Ramírez, Fátima Godoy y Norma Martínez.

Ilustraciones de imagen de la obra: Vero Sforza.

Diseño: Ana Brisa Caballero.

Teaser: Vanesa Torales.

Coproducción: Kunu’u Títeres (Paraguay) - Cia. do Abração (Brasil).

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