La pionera del seguro en nuestro país

La Paraguaya SA de Seguros ofrece un portafolio integral que cubre distintas áreas.gentileza

Desde el resurgir de la posguerra en 1889 hasta la era digital, La Paraguaya SA de Seguros, la compañía más emblemática del país, apuesta por la prevención y la solvencia técnica para perdurar en el tiempo.

En el marco del Día Mundial del Seguro, la historia de La Paraguaya es, en esencia, la historia de la recuperación nacional.

Fundada en noviembre de 1889, en aquel entonces, un directorio de pioneros liderado por Francisco Bibolini vislumbró que, para que las industrias del tanino, la madera y la yerba mate prosperaran, necesitaban una red de seguridad.

Sus primeras coberturas fueron fundamentales: seguros contra incendio y riesgos fluviales para el transporte de mercaderías.

“La fundación fue un acto de valor de un grupo de emprendedores en un momento de gran incertidumbre”, destaca Guillermo Gross Brown, miembro del Directorio de la firma.

¿Cómo logra una empresa mantenerse vigente a través de tres siglos distintos?

Para La Paraguaya, la respuesta no es el crecimiento acelerado, sino la consistencia institucional.

A lo largo de los años, la compañía supo navegar transformaciones sociales, crisis económicas y cambios regulatorios sin comprometer sus pilares: confianza, honestidad y responsabilidad.

El seguro hoy: Prevención y tecnología

Hoy, La Paraguaya ofrece un portafolio integral que abarca desde incendios y automóviles hasta seguros de vida, caución y cobertura para negocios de maquila.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, el diferencial ya no es solo “estar”, sino “cómo responder”.

La firma invierte hoy en la digitalización de procesos y modernización de sistemas para optimizar los tiempos de respuesta.

Para la compañía, la prevención no es solo un concepto ético, sino un activo económico.

“Es la principal herramienta para reducir el impacto y los daños derivados de los siniestros”, afirma Gross Brown.

En este Día Mundial del Seguro, la trayectoria de La Paraguaya sirve como recordatorio de que, más allá de las pólizas y los números, el corazón del negocio sigue siendo el mismo que en 1889: proteger la vida y los bienes de quienes confían en el mañana.

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