15 de agosto de 2026
El mercado de seguros está desarrollando un crecimiento lento pero sostenible en los últimos años. Pero estamos muy, pero muy lejos de otros países de la región. Más de treinta aseguradoras compiten en un mercado relativamente pequeño, generando esfuerzos comerciales y mucha creatividad para lograr un equilibrio entre primas y siniestros. Y a la vez poder sobrevivir a la compleja normativa existente como entidades reguladas por el Banco Central del Paraguay y bajo el manto de la Ley N° 827/96, de Seguros.
Cuando una persona contrata un seguro, rara vez piensa que está celebrando un contrato jurídico complejo. En la mayoría de los casos, lo que busca es algo mucho más simple y humano: sentirse tranquilo. Quiere saber que, si ocurre un accidente, un incendio, un robo, una enfermedad, una demanda o la muerte de quien sostiene económicamente a la familia, no quedará completamente solo frente a las consecuencias. Por eso, aunque técnicamente se contrata una póliza, en la práctica muchas veces se compra tranquilidad.

El presidente Santiago Peña anunció el envío al Congreso del proyecto de Ley “De Seguros” que busca actualizar la actual normativa 827/96. Aseguró que el documento fue “fruto de un amplio proceso de diálogo con todos los sectores involucrados” con el objetivo de “modernizar y brindar reglas claras para todas las actividades de las aseguradoras”.
En la industria del seguro, la confianza no es un valor accesorio ni una simple virtud comercial: es su verdadero capital. A diferencia de otros contratos en los que las prestaciones se cumplen de manera inmediata o visible, el seguro se construye sobre una promesa futura. El asegurado paga una prima hoy con la expectativa de que, si ocurre un siniestro mañana, la compañía responderá conforme a lo pactado. Esa expectativa que muchas veces se mantiene durante años sin ser puesta a prueba, solo puede sostenerse sobre una base sólida de confianza. Y es que el contrato de seguro tiene una particularidad esencial: se celebra para un momento que nadie desea que llegue. Nadie contrata un seguro de incendio esperando que su casa se queme, ni una póliza de vida deseando que ocurra una tragedia familiar, ni un seguro de responsabilidad civil con la intención de causar un daño.
En el sector asegurador es fundamental distinguir entre los riesgos asegurables y los que no son asegurables. Mientras que los primeros son aquellos que pueden ser objeto de cobertura mediante un contrato de seguro, los riesgos no asegurables son aquellos que, por diversas razones, no pueden ser garantizados por una compañía de seguros. Veremos las características y ejemplos de riesgos no asegurables, así como su impacto en las relaciones contractuales de seguro.