30 de septiembre de 2026
En el mundo de los seguros existe una realidad que muchas veces pasa inadvertida: el riesgo no comienza cuando ocurre el siniestro, sino mucho antes, cuando se configuran las condiciones que pueden provocarlo. Un incendio, un accidente industrial, una interrupción comercial o una pérdida patrimonial constituyen apenas la manifestación visible de una exposición que, en numerosos casos, llevaba meses o incluso años desarrollándose silenciosamente. Esta circunstancia plantea una reflexión fundamental para la actividad aseguradora: ¿estamos asegurando adecuadamente los riesgos que conocemos o simplemente estamos esperando que los siniestros revelen aquellos que no se supo identificar? El riesgo invisible no es necesariamente un riesgo desconocido. Puede tratarse de una exposición perfectamente identificable que, por falta de información, ausencia de inspecciones, deficiencias en los procedimientos internos o una percepción equivocada de su gravedad, permanece fuera del análisis del asegurador y, en ocasiones, del propio asegurado.
La decisión de contratar un seguro de vida suele ser una decisión muy difícil. Muchas personas consideran que se trata de un gasto prescindible o que su utilidad se limita a un momento lejano e incierto. Sin embargo, cuando se analiza con detenimiento la función económica y familiar que cumple, el seguro de vida individual de largo plazo se revela como una de las herramientas más eficaces de planificación financiera y protección patrimonial.
El mercado de seguros está desarrollando un crecimiento lento pero sostenible en los últimos años. Pero estamos muy, pero muy lejos de otros países de la región. Más de treinta aseguradoras compiten en un mercado relativamente pequeño, generando esfuerzos comerciales y mucha creatividad para lograr un equilibrio entre primas y siniestros. Y a la vez poder sobrevivir a la compleja normativa existente como entidades reguladas por el Banco Central del Paraguay y bajo el manto de la Ley N° 827/96, de Seguros.
De entre los commodities la agricultura constituye uno de los sectores más importantes para la economía del país. Descansa en un gran volumen en los cultivos de soja, trigo y maíz, y todos resultan muy vulnerables a los fenómenos climatológicos extremos como consecuencia del cambio climático a nivel global y al llamado fenómeno de “El Niño”.

Grupo Prosegur y Cinalli Insurance Broker se unen con el objetivo de ofrecer soluciones innovadoras, integradas y personalizadas de seguros en los países de Latinoamérica donde las firmas tienen presencia. La cobertura de esta solución es transversal, abarcando seguros que protegen desde activos físicos hasta riesgos digitales.
La digitalización está transformando el mercado asegurador en los últimos años. La suscripción automatizada, el uso de inteligencia artificial para la tarificación, los chatbots en atención al cliente, la gestión digital de siniestros y la firma electrónica están reduciendo tiempos, costos y fricciones. Sin embargo, la experiencia comparada demuestra que, aun en los mercados más avanzados, subsisten —y probablemente subsistirán— determinadas tareas manuales que resultan estructuralmente imprescindibles. Lejos de ser una resistencia cultural al cambio, la permanencia de ciertas operaciones manuales responde a razones técnicas, jurídicas y humanas. El seguro, como contrato aleatorio y de máxima buena fe, no es simplemente una transacción digital; es un instrumento de transferencia de riesgo que descansa en la interpretación, la confianza y el juicio experto.