El “Puma” Rodríguez llenó de nostalgia y reflexión el Gran Teatro del BCP

José Luis "El Puma" Rodríguez anoche en el Gran Teatro "José Asunción Flores" del Banco Central del Paraguay.Fernando Romero

A sus 83 años y después de atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida, José Luis “El Puma” Rodríguez se presentó anoche en Asunción con un concierto atravesado por la nostalgia, la reflexión y el agradecimiento. Entre clásicos, recuerdos y confesiones íntimas, el cantante venezolano convirtió la velada en una celebración de la vida.

Las primeras ovaciones llegaron incluso antes de que José Luis “El Puma” Rodríguez apareciera en escena. Bastó que comenzaran a proyectarse imágenes de distintas etapas de su carrera para que el público (en su mayoría mujeres que parecían reencontrarse con parte de su juventud) respondiera con aplausos, gritos y celulares en alto.

Anoche, en un Gran Teatro “José Asunción Flores” del Banco Central del Paraguay casi lleno, el cantante venezolano ofreció mucho más que un recorrido por sus clásicos románticos. A los 83 años, y con la historia de supervivencia que carga sobre los hombros tras un doble trasplante de pulmón, el artista construyó una noche atravesada por la gratitud, la nostalgia y la conciencia del tiempo vivido.

“Infinitas gracias por estar acá. No saben cuánto aprecio su presencia”, dijo apenas iniciado el espectáculo, con una sonrisa serena y un tono íntimo que marcaría toda la velada. “Vamos a desconectarnos, a desenchufarnos del planeta”. Y el público aceptó la invitación.

El Gran Teatro "José Asunción Flores" recibió mucho público para el concierto del Puma Rodríguez.

Con una banda sólida y una voz mucho más firme de lo que cualquiera podría imaginar, el Puma fue hilando canciones y reflexiones personales como si conversara con viejos amigos. “Dueño de nada”, “Tendría que llorar por ti” o “Amante eterna, amante mía” despertaron coros instantáneos, mientras él cantaba con elegancia en el medio del escenario, disfrutando cada reacción.

Pero el recital encontró su mayor fuerza en los momentos donde el cantante dejaba de lado el personaje y hablaba desde la experiencia. Hubo referencias constantes al agradecimiento, a la fe y a la felicidad entendida como una elección cotidiana. También habló de las madres, recordó la suya y dejó frases que el público celebró casi como pequeñas lecciones de vida.

“Atrévete” y “Por si volvieras” mantuvieron encendida la conexión con el público. Antes de esta última, dijo: “Nunca cierren la puerta de la esperanza”, dijo antes de interpretar “Por si volvieras”. “A veces el que se fue vuelve… y si no vuelve, no era suyo”.

José Luis Rodríguez en un momento del concierto que ofreció en el Banco Central del Paraguay.

En otro momento, con “Torero”, recordó a Julio Iglesias, y después al Trío Los Panchos con “Poquita fe” y “No me quieras tanto”. Lejos de mostrarse melancólico, Rodríguez transmitió la energía de alguien que entiende el valor de seguir aquí.

Por momentos, el concierto pareció transformarse en una conversación colectiva sobre el amor, la pérdida, el paso del tiempo y los milagros. “La fuerza más grande es el amor”, reflexionó en otro tramo de la noche. “Los milagros sí existen”, dijo quien en otro momento interpretó “La bondad de Dios” (o “Agradecido”), en una de las partes más altas de la noche, pues también se levantó a tirar rosas para unas cuantas afortunadas.

Y en esas reflexiones estuvo la verdadera esencia del recital: no solamente en las canciones que marcaron generaciones enteras, sino en la presencia de un artista que, después de atravesar la fragilidad más extrema, sigue subiéndose a un escenario para celebrar la vida junto a su público.

José Luis "El Puma" Rodríguez recibió el cariño del público paraguayo.

Ya en el tramo final, el romanticismo volvió con “Voy a conquistarte”, mientras el público acompañaba cada verso cantando. El cierre con “Agárrense de las manos” terminó de convertir la noche en un ritual de nostalgia compartida. El teatro entero acompañó de pie, cantando como quien intenta sostener, aunque sea unos minutos más, una memoria feliz.

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