El alcohol, afirman, extrae agua del cuerpo y ésta es necesaria para proveer a los músculos de nutrientes y minerales. También los procesos metabólicos, que son necesarios para el desarrollo muscular, se ven limitados si se consume alcohol después de entrenar.
Y una idea malísima es ir a entrenar ebrio. La coordinación y la capacidad de reacción descienden si uno está alcoholizado, lo que aumenta considerablemente el riesgo de sufrir una lesión.