La ducha inmediata: más que una costumbre
El primer paso comienza incluso antes de volver a casa. En playas y piscinas con duchas, enjuagar el pelo con agua dulce nada más salir del mar o de la piscina reduce el tiempo de contacto de la sal y el cloro con el cabello.
“Pensemos en el pelo como una esponja: cuanto menos tiempo esté empapado de sal o cloro, menos daño acumula”, explica una dermatóloga capilar consultada. Este enjuague no sustituye al lavado, pero sí minimiza el impacto.
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Champú suave, pero eficaz
Ya en casa, el cabello pide una limpieza específica. Los expertos recomiendan alternar un champú suave sin sulfatos, para el día a día, con uno “clarificante” o quelante una o dos veces por semana, capaz de arrastrar restos de cloro, sal y minerales sin castigar en exceso.
El truco está en la técnica: aplicar el champú solo en el cuero cabelludo, masajear con las yemas de los dedos y dejar que la espuma que escurre limpie los largos, sin frotar. Esto reduce el encrespamiento y la rotura.
Mascarilla reparadora: el corazón del ritual
Tras el lavado, el acondicionador habitual se queda corto. La recomendación general para quienes se exponen con frecuencia al sol, mar o piscina es usar mascarilla nutritiva cada vez que regresan de la playa.
Ingredientes como ceramidas, aloe vera, manteca de karité o aceites ligeros (argán, jojoba) ayudan a reponer lípidos y retener la hidratación. Conviene retirar el exceso de agua con una toalla antes de aplicarla y dejarla actuar al menos 5 a 10 minutos. En cabellos muy castigados, envolver la melena en una toalla caliente potencia su efecto.
El gesto final: secado y protección sin calor
La forma de secar también cuenta. Frotar con fuerza con la toalla abre más la cutícula y rompe la fibra; es preferible presionar suavemente con una toalla de microfibra o una camiseta de algodón.
Cuando sea posible, se aconseja dejar secar al aire y reservar el secador y las planchas para ocasiones puntuales.
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Un spray acondicionador sin aclarado con filtro UV completa el ritual: sella ligeramente la cutícula, facilita el desenredado y crea una barrera adicional frente al sol en la siguiente exposición.
¿Y si el daño ya está hecho?
Puntas abiertas, textura áspera y pérdida de brillo indican que el verano ha pasado factura. En esos casos, los profesionales insisten en un corte de saneamiento y en mantener el ritual post-playa incluso cuando termina la temporada.
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La clave, resumen los especialistas, no es un producto milagroso, sino la constancia: enjuagar rápido, limpiar con cabeza, nutrir a fondo y reducir el calor. Un protocolo sencillo que convierte el final del día de playa en el mejor seguro de vida para el cabello.