El fenómeno de los Therians (abreviatura de teriantropos) se refiere a personas que se identifican interna, psicológica o espiritualmente con animales no humanos, a pesar de reconocer que poseen un cuerpo humano. En esta nota te contamos el análisis que realiza el psicólogo Richard Salerno.
Explica que no se trata de una persona que perdió el contacto con la realidad, sino de una identificación simbólica.
“No es que estas personas se perciban físicamente como animales, se identifican con cualidades y atributos: fuerza, lealtad, agilidad, que ese animal posee y que para ellos son significativos”, especifica.
Diferencia con el furry
Un furry es una persona fanática de los animales antropomórficos, con rasgos humanos como hablar, caminar erguidos o vestir ropa y está presente en el arte, literatura y medios, como Bugs Bunny o Mickey Mouse.
Es una subcultura centrada en la creatividad, donde los miembros suelen crear una “fursona” (avatar animal) y, a veces, utilizan disfraces llamados “fursuits”.
“Mientras que el furry tiene un interés estético por animales antropomórficos (con forma humana), el Therian vive una identidad más profunda y vinculada a la esencia animal”, señala.
Agrega que a diferencia de un trastorno psicótico, el joven sabe que es humano. No hay delirio ni pérdida de la realidad, hay un uso del símbolo para construir el “yo”.
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El factor digital y las nuevas “tribus urbanas”
Salerno señala que, aunque el fenómeno pueda parecer radical, tiene raíces en comportamientos juveniles históricos. Sin embargo, el escenario cambió.
Comenta en los años 70 fueron los metaleros, en los 90 los emos. “Las tribus urbanas siempre buscaron diferenciarse del mundo adulto. La gran diferencia hoy es el escenario digital”, afirma.
Antes, estas expresiones se limitaban al barrio o al colegio. Hoy, las redes sociales funcionan como burbujas digitales que validan experiencias no convencionales, permitiendo que estas microculturas tengan un alcance global y una viralización inmediata, analiza.
Agrega que el riesgo surge cuando la identidad se vuelve rígida y excluyente. “El juego de rol debe ser flexible. Si la identificación animal reemplaza la integración saludable en la realidad y genera aislamiento o sufrimiento clínico, entonces sí requiere atención”, advierte.