Todos los partidos encontraron motivos de felicitación en la noche electoral del domingo y todos ellos consideraron que pueden servir de trampolín para la conquista del Elíseo, aunque la primera encuesta, publicada este lunes por la radio RTL, no cambia mucho de las anteriores, con la extrema derecha muy por delante en las intenciones de voto.
Con 63 localidades de más de 3.500 habitantes, sobre todo Niza, la quinta del país, que cayó en manos de su aliado Éric Ciotti, los ultraderechistas clamaron la victoria, aunque su noche quedó enturbiada por los fracasos en Tolón y Marsella, donde demostraron que siguen despertando un gran rechazo en el país.
Por eso insisten en la "unión de las derechas" simbolizada en Niza, que puede ayudarles a romper el techo que les aleja del poder.
El llamamiento a romper ese cordón sanitario no tuvo eco en Los Republicanos, el partido de la derecha tradicional que volvió a ser el que más ayuntamientos franceses se apuntó, 1.267 de los 3.343 que superan los 3.500 habitantes, pero sin victorias simbólicas.
Batidos en París, Marsella y Lyon, solo pudieron celebrar el triunfo en Toulouse, la cuarta ciudad del país.
También arrebataron a la izquierda feudos de medio tamaño como Clermont-Ferrand, que en 80 años había encadenado alcaldes socialistas, además de Brest o Tulle, la cuna política del expresidente François Hollande.
Su líder, Bruno Retailleau, afirmó que son el primer partido local del país, con lo que pretende apuntalar su candidatura al Elíseo, pese a que no logra acallar las críticas internas que le piden que se someta a unas primarias.
Al contrario que Los Republicanos, la izquierda moderada anestesió con triunfos simbólicos unos resultados modestos. Consiguieron 829 municipios y las victorias de París y Marsella para los socialistas y la de Lyon para los ecologistas, dejaron en un segundo plano las pérdidas de feudos como Clermont-Ferrand, Limoges, Burdeos, Grenoble, Annecy o Poitiers conquistados en la ola verde de 2020.
Pero no pudieron esconder la quiebra interna, especialmente grave entre los socialistas, divididos entre partidarios de pactar con la radical La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon y los hostiles a esa alianza.
Salvo en Nantes esos acuerdos se tradujeron en una derrota, lo que ha abierto la veda a las críticas a la actual dirección, con Olivier Faure a la cabeza, al que apremiaron a distanciarse de los 'melenchonistas'.
Tanto el diputado Boris Vallaud, que perdió el último congreso contra Faure, como François Hollande consideraron que esas alianzas tuvieron un coste electoral para sus candidatos, algo que acabó por reconocer el propio líder del partido, que calificó a Mélenchon de "lastre para la izquierda".
Lo mismo que la ecologista Marine Tondelier, que acusó al líder de la izquierda radical de "sabotear la campaña" con sus intervenciones fuera de tono que espantaron a un electorado más moderado.
Acusaciones que rechaza LFI, que se queda con los logros en sus primeras municipales, en las que conquistaron siete enclaves de más de 3.500 habitantes, con dos de más de 100.000: Saint-Denis, la segunda mayor ciudad de la región de París, y el enclave nordista de Roubaix.
A ello se suman numerosos triunfos en los barrios periféricos de las grandes ciudades, que engloban mucha población de origen inmigrante, una estrategia que, según afirman, supone un espaldarazo a un cuarto intento 'melenchonista' de asaltar el Elíseo.
Hubo también motivos de satisfacción para el centro, que celebró la victoria en Burdeos, Annecy y Le Havre, donde el ex primer ministro Édouard Philippe se jugaba sus cartas de presidenciable.
Sin apenas presumir del legado del presidente, Emmanuel Macron, doblaron el número de concejales, lo que permitió sacar pecho a su actual líder, el también ex jefe de Gobierno Gabriel Attal, otro posible candidato al Elíseo.