Estados Unidos lanzó el pasado 3 de enero un operativo militar en Venezuela que acabó con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, principales rostros del chavismo, un movimiento socialista fundado por el expresidente Hugo Chávez Frías(expresidente, fallecido en 2013), pero que cuenta con otras figuras y siguen formando parte del actual gobierno.
Los venezolanos claman por un cambio real, mientras el miedo aún estrangula los sueños de libertad.
Dictadura con impacto regional
Chávez Frías llegó al poder en diciembre de 1998 y se aferró al cargo hasta su muerte, tras padecer un cáncer terminal.
Bajo su gobierno los ciudadanos de su país perdieron sus libertades fundamentales y basó su administración con fuerte presencia militar en los cargos. Gobernó con dádivas a la cúpula castrense a cambio de lealtad, una práctica seguida después por su ahijado político, Maduro.
Otro impacto negativo del chavismo: el efecto desintegrador. Cientos de familias venezolanas desmembradas. Familias divididas, amigos en la diáspora, y un anhelo constante de volver a un hogar que se siente cada vez más lejano.
Y en lo político el aislamiento regional, sumado al estigma sobre los migrantes que se vieron obligados a salir de su país por la represión y el hambre, en busca de mejores horizontes. Esto generó la mayor crisis migratoria de la América Latina en tiempos de paz. Según la agencia de la ONU, más de 7 millones de venezolanos huyeron de su país.
Lea más: Trump publica en su red social imagen de Venezuela como el estado número 51 de EE.UU.
Cambios cosméticos
La esperanza que se disparó en enero ahora erosiona por cambios cosméticos, mientras la recuperación de Venezuela -un país rico en recursos naturales- urge reformas institucionales profundas: desde justicia para las víctimas, despolitización de las Fuerzas Armadas y reconstrucción de infraestructura, así como acuerdos pragmáticos con potencias extranjeras.
¿Cuánto resistirá esta esperanza que pasó de alta a moderada de los venezolanos antes de convertirse en una nueva frustración?
Lea más: El mapa petrolero: titanes, reservas e impacto global
Con el suceso de enero que acaparó la atención mundial, los venezolanos alimentaron su esperanza de cambio, de recuperar el bienestar social y las libertades de las que gozaban. Pero el cambio no llega y el poder real permanece en manos de los mismos actores del chavismo, sin una transición efectiva.
Sin libertad de expresión
Acordamos con las fuentes venezolanas reunirnos en Cartagena de Indias, Colombia, y que sus nombres serían protegidos: la libertad de expresión aún está cercenada y las citas a la institución policial o de justicia por criticar al chavismo aún persisten. Sus familias también son blanco frecuentes de ataques.
Una de las personas a las que entrevisté -cuenta con basta experiencia en comunicación, pero sobre todo con conocimiento profundo de la realidad venezolana desde antes de la era Hugo Chávez- dice de manera contundente que su país no cambió, pese a la salida del poder del ahora expresidente Maduro, y que la economía sigue igual: escasez, salarios diluidos y servicios “oxidados”.
Lea más: Delcy Rodríguez anuncia reestructuración del Gobierno ante "nueva realidad" de Venezuela
La “transición”
La salida del líder chavista el 3 de enero generó expectativas globales, pero la oposición sigue fragmentada, los presos políticos superan los 700 y el régimen socialista opresor se reinventa sin cambiar las bases del poder.
Entre tanto, la esperanza, moderada al principio, empieza a resquebrajarse.
La noticia de la captura y extracción de Maduro desde su búnker dio la vuelta al mundo. Durante unas semanas, la palabra “transición” se instaló en cada conversación venezolana. Sin embargo, cinco meses después, nuestra fuente con décadas de cobertura y víctima de represalias por parte del chavismo resume la sensación general con una frase escueta: “Se fue Maduro, pero están los mismos”.
Lea más: EE.UU. abre en Miami una segunda pesquisa criminal contra Maduro, según el Miami Herald
El poder sin cambios
Si un observador internacional llegara hoy a Caracas, difícilmente notaría una ruptura institucional. “No hay una transición como tal”, explica nuestro entrevistado. “Los que están en el poder son los mismos: Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López. Es la misma gente que ha regentado todo durante años”.
El cambio de rumbo anunciado en enero no se ha materializado. La ley de amnistía, que despertó tanta ilusión, ha liberado apenas a 300 personas. Según Foro Penal, aún hay 740 presos políticos. Las excarcelaciones recientes –menores, embarazadas, enfermos– no respondieron a la ley, sino a presión directa de Estados Unidos. “Hace una semana (el presidente Donald) Trump preguntó por los presos y, casualmente, después vino toda esa parafernalia”, señala la fuente.
¿Murió el chavismo?
Lejos de haber muerto, el chavismo conserva un voto duro del 15% y podría aspirar al 30% si el mandato de Delcy Rodríguez logra mejoras económicas. “Con un 30% en unas elecciones, pueden seguir siendo gobierno”, advierte el entrevistado.
La jugada actual es ya conocida por quienes siguen el caso venezolano: dilatar. Si las elecciones fueran mañana, ganaría María Corina Machado, la líder opositora que permanece fuera del país sin fecha de regreso. Pero si el tiempo pasa, la esperanza se diluye.
El chavismo modera hoy su discurso, negocia mientras la paciencia ciudadana se agota, y repite la táctica que ya usó en todos los diálogos previos: desgastar al adversario.
“Cambio sin cambios”
Pero hay otro dato fundamental que marca con claridad que hubo un “cambio sin cambios”: la libertad de expresión a medias.
El VPN es obligatorio si pretenden acceder a páginas no oficiales, mientras las principales redes sociales están bloqueadas.
¿Se puede hablar libremente hoy? “Algo”, responde la fuente. Medios allanados y perseguidos han vuelto a publicar investigaciones, aunque muchos han sido citados por la Fiscalía.
Lea más: Dos aeronaves militares de EE.UU. sobrevuelan Venezuela
La gran censura aún persiste. Las operadoras bloquean el acceso a medios críticos y a redes como X (antes Twitter). Sin una VPN en el teléfono, el ciudadano común no puede informarse. “La gente usa Instagram, TikTok, WhatsApp o Telegram. Ni siquiera tenemos acceso a ChatGPT”, denuncia.
El reclamo de este ciudadano venezolano perseguido por el chavismo es claro: “Quiten el bloqueo a los medios digitales para que la población pueda informarse bien”.
Un país destruido
La diáspora venezolana que sueña con volver se encontraría con una infraestructura en ruinas.
“La recuperación llevará tiempo”, sentencia el analista. Los apagones son diarios en zonas como Falcón o Zulia, con cortes de 3 a 5 horas. En Caracas, el agua llega solo dos o tres días a la semana.
El sistema eléctrico, sin mantenimiento durante años, está obsoleto. Y no hay estadísticas oficiales confiables: el Banco Central apenas empezó a publicar datos económicos hace un mes. La salud, sin informes epidemiológicos, y la educación, con jubilados volviendo a las aulas porque los profesionales emigraron, reflejan una degradación profunda.
Lea más: Ministro del Interior de Venezuela niega contactos con EE.UU. antes de la caída de Maduro
Venezuela era referencia de profesionales de alto nivel, salud, ingeniería. ¿Cómo quedó esto? ¿Qué título resumiría la situación hoy?.
“Las instituciones están muy degradadas, en educación por ejemplo, de las universidades, que llegaron a ser una referencia importante del país, muchos de los profesionales se fueron, migraron.Los jubilados volvieron a dar clases. Regresaron a las aulas y han mantenido -de alguna manera- cierto nivel académico”.
Y agrega que igual pasa con la salud. “Estuvimos años sin tener informes epidemiológicos, sin saber exactamente qué era lo que pasaba. En Venezuela no hay estadísticas oficiales, todo eso lo quitaron, todo eso lo eliminaron”.
“No somos Irán o Afganistán”
Tras la operación del 3 de enero pasado, el mundo observando pensó que sacarían a toda la cúpula chavista, lo cual no ocurrió. Surgieron versiones de que se hubiera producido un enfrentamiento civil.
“Es difícil determinar eso, nosotros no somos Irán o Afganistán. Pero veo difícil que en Venezuela se hubiera podido dar una guerra civil, además hubo situaciones de represión vividas durante mucho tiempo que hacen que el ciudadano se cuide mucho, incluso hasta este momento en sus declaraciones, de protesta. Es que ya hubo un proceso en el que se reclamó y dejó muchísimos muertos”.
Intereses de grandes potencias
El entrevistado sostiene que la situación de hoy en Venezuela le conviene al chavismo, pero ¿qué hay de los intereses extranjeros? China tiene muchos intereses, lo mismo Rusia, más allá de los vínculos ideológicos, y Estados Unidos controlando el petróleo. “China y Rusia son potencias que van a velar por sus intereses. De hecho creo que ya hay negociaciones con Estados Unidos, porque se han quedado tranquilos. La salida de Maduro no generó una hecatombe, ni enfrentamiento entre potencias. Existe una deuda muy grande de Venezuela con China y con Rusia”.
De todas maneras, considera que no habrá una pelea entre potencias por Venezuela. “De hecho, Trump ha invitado a China a que invierta en petróleo y que hay petróleo para todos de Venezuela. No creo que haya un conflicto por eso”.
Petróleo, poder militar y una lección
La estatal petrolera PDVSA sigue siendo la joya, pero está oxidada. La estadounidense Chevron intenta reconstruir una infraestructura petrolera que llegó a producir 3 millones de barriles diarios y hoy está lejos de esa cifra. Además, el Arco Minero del sur es un agujero de corrupción y explotación ilegal en manos de personeros chavistas.
En cuanto a las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela, la cúpula principales, en su mayoría generales, se benefició mientras los mandos intermedios acumulan descontento. “Hay que volver a los militares a su origen: seguridad, no política”, afirma el entrevistado. Pero desmantelar ese aparato llevará años.
¿Qué lección deja Venezuela a la región? “Que cualquier país latinoamericano puede caer. Hay que fortalecer las instituciones para que respondan ante aventuras antidemocráticas. Chávez llegó al poder votado, aprovechando la desilusión ciudadana. Nosotros también somos responsables de a quién elegimos”.
Justicia y la sombra de Chávez
Las víctimas de violaciones de derechos humanos –presos políticos, torturados, familiares de fallecidos en protestas– esperan justicia. “Tiene que haber reparación. El daño no puede quedar impune”, insiste el entrevistado. Pero advierte: “Esa será la parte más difícil. Cada país que salió de una dictadura vivió procesos distintos. Aquí no se puede hacer tabla rasa”.
¿Qué le dice el nombre de Hugo Chávez? La respuesta es contundente: “Un desastre total. Populista, autoritario, encantador de serpientes. Es el tipo de personaje que tarda en producirse pero hace muchísimo daño. Y hoy hay otros así en el continente y el mundo. Hay que estar muy atentos”.
¿Y ahora qué?
Aunque ahora bajo la mirada atenta de la Administración de Donald Trump, Venezuela, sin Maduro pero con todo el chavismo atornillado en el poder, vive todavía sumida en una grave crisis social y económica, con una política en relativa calma, pero con el mismo andamiaje moviendo el tren socialista que generó la mayor crisis de refugiados y migratoria en América Latina y el mundo, solo por detrás de Siria en tiempos de guerra civil.
Desde el 3 de enero pasado, los días transcurren entre promesas de apertura, pero con bloqueos digitales. Con cientos de presos políticos aún tras las rejas, y cuyas existencias negaba el chavismo.
Mientras el gobierno actual apunta a la dilación y la oposición espera desde afuera, el país con la mayor reserva petrolera del mundo y propietaria de las codiciadas tierras raras y minerales estratégicos sigue atrapado en un “cambio, sin cambio”.