Experta explica a ABC cómo enfrentar a Hezbolá y sus tentáculos en América Latina

Seguidores del movimiento ideológico proiraní Hezbolá, cargan una imagen del fallecido líder libanés y cabeza del grupo paramiliar Hassan Nasrallah, en Beirut.WAEL HAMZEH

DESDE TEL AVIV. En conversación con ABC, Orna Mizrahi, analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, expone la compleja situación de la facción paramilitar proiraní Hezbolá, mientras Líbano e Israel negocian un acuerdo de paz. Esta organización ideológica -designada como terrorista por varios países- extendió sus tentáculos hasta América Latina.

Orna Mizrahi, analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (IESN), describe a Hezbolá como el principal proxy de Irán y “Estado dentro de un Estado”, con profundo arraigo social y capacidades militares significativas, aunque gravemente degradadas desde 2024; y detalle qué pasa con el liderazgo de la organización desde Hassan Nasrallah (abatido por Israel) a Naim Qassem, y las guerras a las que fue arrastrada el Líbano por este grupo paramiiltar con un brazo político legal en el gobierno.

Hezbolá (Partido de Dios) reivindica la lucha armada en Medio Oriente. Es un partido legal en el Líbano, tiene un brazo político y otro paramilitar. Es el único grupo político de Líbano que no se desarmó después dela guerra civil de1975-1990.

Orna Mizrahi discute temas de seguridad nacional en conferencia con editores internacionales en Tel Aviv, Israel.

Estados Unidos lo acusa de ser un aliado de Irán, así como de amenazar a Israel, que lo combate desde su frontera norte. Así como Estados Unidos, Argentina y otras naciones, Paraguay en 2019, durante el gobierno Mario Abdo Benítez, designó al grupo como “organización terrorista”. Pero este movimiento ideológico no es considerado como terrorista por las Naciones Unidas.

Hezbolá integra el llamado “Eje de la resistencia”, una alianza informal de milicias en varios países que actúan en Oriente Medio bajo la influencia estrecha de Irán. Estas organizaciones, unidas por tener en el punto de mira intereses israelíes y estadounidenses, permiten a Irán extender su influencia en Líbano, Irak, Siria, Yemen y Gaza.

La red financiera global

Más allá de las fronteras del Líbano, la capacidad de Hezbolá para sostenerse depende de una compleja red financiera global, refiere la analista israelí a un grupo de editores internacionales de medios de comunicación de América Latina, durante una conferencia en Tel AVIV.

Puntualiza que la organización paramilitar diversificó sus fuentes de ingresos, que incluyen desde el contrabando regional hasta operaciones de lavado de dinero en América Latina.

Según Mizrahi, la interrupción de estos flujos financieros es un frente de batalla silencioso pero determinante.

La cooperación internacional para impedir la transferencia de fondos desde el exterior es, por tanto, un pilar de la estrategia para limitar las capacidades económicas de la milicia a largo plazo, sostiene, pero la viabilidad de este proceso depende de la capacidad del gobierno libanés -hoy afín a cerrar un acuerdo de paz con Israel- para imponerse sobre la milicia y de la voluntad de Israel para mantener una presión militar que, aunque limitada, sea suficiente para disuadir nuevas amenazas.

Musulmanes chiitas rinden tributo al fallecido líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, en Beirut. (archivo)

Grupo paramilitar en transición

La desaparición de Hassan Nasrallah, durante un operativo de Israel en el Líbano en septiembre de 2024, precipitó una transformación estructural en la formación proiraní libanesa, alterando no solo su capacidad operativa, sino su propia naturaleza como actor político y militar en el Líbano.

El análisis de la experta Orna Mizrahi revela una organización en transición: de un actor con agenda estratégica propia a un brazo ejecutor cada vez más sumiso a los intereses de Teherán.

La muerte de Hassan Nasrallah en septiembre de 2024 no fue solo la eliminación de un líder; fue el fin de una era de autonomía táctica para Hezbolá.

Durante 32 años, Nasrallah consolidó a la organización como una fuerza militar y política que, si bien operaba bajo la órbita de la República Islámica de Irán, mantenía una capacidad de maniobra independiente.

“Nasrallah tenía cierta lógica y una capacidad y sabía influir también en Irán”, explica la analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel.

Describe que el líder histórico de Hezbolá era capaz de rechazar peticiones de Teherán cuando estas contradecían los intereses estratégicos libaneses. Pero que hoy esa autonomía se desvaneció.

Naim Qassem (C), actual líder de Hezbolá. (archivo)

La llegada de Naim Qassem al liderazgo en 2024-según explica Orna- marca una ruptura en la dinámica de poder.

“Es más fácil influir en Naim Qasem, es decir, acepta más lo que le dicen y actúa menos en forma independiente”. Esta subordinación permite que la influencia iraní se intensifique, manifestándose en la presencia física de cientos de miembros de la Guardia Revolucionaria en territorio libanés, que supervisan el entrenamiento y la logística de la milicia.

La doctrina de seguridad israelí

Esta reconfiguración ocurre en un contexto de desgaste militar prolongado que ha forzado a Israel a revisar sus paradigmas defensivos. Históricamente, la doctrina de seguridad israelí se basaba en guerras breves y de alta intensidad, diseñadas para resolverse rápidamente. Sin embargo, desde el 7 de octubre de 2023 -cuando Hamás atacó Israel y lanzó una masacre- el país se encuentra en un estado de guerra casi continuo.

La estrategia actual de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) frente a Hezbolá -sostiene Mizrahi- muta hacia objetivos más pragmáticos.

Ante la imposibilidad de un desmantelamiento total —una tarea que requeriría una ocupación completa del Líbano, inasumible para las capacidades actuales—, los objetivos se han centrado en debilitar la infraestructura de la milicia proiraní, eliminar la amenaza directa en la frontera norte y permitir el retorno de la población civil desplazada.

El presidente del Líbano, Joseph Aoun (derecha), con el almirante Brad Cooper (segundo de la izquierda), comandante del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), en el palacio presidencial de Baabda el 29 de junio de 2026.

“No hay un ‘ocus pocus’ (fórmula mágica)”, advierte Mizrahi sobre las expectativas de una victoria rápida. La táctica israelí se ha centrado en la creación de un cinturón de seguridad y la destrucción sistemática de posiciones.

La magnitud de esta infraestructura es notable y según los informes de inteligencia, Hezbolá había convertido gran parte de las aldeas libanesas fronterizas en bases militares, utilizando hogares civiles para ocultar lanzadores y túneles. La destrucción de estas posiciones es un componente central de la campaña israelí, aunque con un alto costo humanitario y material.

Líbano: fragilidad y oportunidad política

El Estado libanés, entre tanto, atraviesa encrucijada política como nunca antes. Tras la reducción de la influencia de Hezbolá, sectores del Parlamento han logrado avanzar en la elección de un presidente y un gobierno que, por primera vez, no cuentan con el beneplácito de la milicia proiraní.

Figuras como el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam representan una corriente que busca transformar al Líbano en un Estado soberano, despojado de la dualidad de poder que ejercía Hezbolá durante décadas.

No obstante, la fragilidad del Ejército Libanés sigue siendo un obstáculo crítico, advierte Mizrahi. La institución carece de la fuerza necesaria para aplicar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de 2006, que exige el desarme de las milicias en el sur del país. Además, la infiltración de simpatizantes de Hezbolá en sus filas complica cualquier intento de confrontación interna.

La recuperación del Estado requiere, según Mizrahi, una asistencia económica internacional masiva —estimada en miles de millones de dólares— que permita al gobierno central proveer servicios básicos a la población chiíta, desplazada y empobrecida por el conflicto, para así erosionar la base de apoyo social de la milicia.

Captura de video de una conferencia de prensa telemática del primer ministro Benjamin Netanyahu, en la que señala las dos áreas de las que el Ejército israelí se va a retirar tras ser reemplazado por tropas libanesas, como parte del acuerdo firmado este pasado viernes en Washington por los embajadores de los dos países.

Nuevo mapa geopolítico regional

El escenario regional también sufre un sismo geopolítico con la caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria, semanas después del cese al fuego de noviembre de 2024. Este evento ha generado una paradoja estratégica: el nuevo gobierno sirio, compuesto por fuerzas revolucionarias yihadistas, comparte con Israel un enemigo común: Hezbolá e Irán.

Aunque la desconfianza mutua persiste, este alineamiento de intereses ha alterado la capacidad de Hezbolá para operar con libertad en el corredor sirio, un eje vital para su suministro de armas y fondos.

En el plano diplomático, el conflicto ha forzado una apertura inédita, resalta la analista Mizrahi. Por primera vez, se han establecido conversaciones directas entre delegaciones israelíes y libanesas, un proceso que viene desarrollándose en Washington con grandes expectativas de finalizar con éxito.

Las rondas de estas negociaciones, de por sí históricas entre países sin relaciones diplomáticas directas, representa un cambio dramático en la forma en que ambos Estados gestionan sus discrepancias, superando el modelo de mediación indirecta a través de la ONU o terceros países.

Aunque la situación actual en el norte de Israel y el sur del Líbano sigue siendo volátil, la transición de Hezbolá hacia una estructura más dependiente de Irán, sumada a la debilidad institucional libanesa y los cambios en el tablero sirio, sugiere que el conflicto entró en una fase de reconfiguración prolongada, donde la diplomacia y la presión militar operan en un equilibrio precario, concluye la analista israelí.

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