Hezbolá, grupo proiraní con un brazo político legal en Líbano y otro paramilitar, lanza frecuentes ataques contra Israel desde la frontera sur libanesa.
El gobierno del Líbano e Israel firmaron el jueves -en Washington- un acuerdo marco trilateral que establece una hoja de ruta para avanzar hacia una “paz y seguridad duraderas” entre ambos países. Uno de los puntos más controversiales es el desarme de las milicias de Hezbolá que responden a los intereses iraníes y no propiamente a las Fuerzas Armadas Libaneses.
Desarme y anexos claves
El texto alude, en su punto 3, a un “Anexo de Seguridad” que no se ha hecho público según el cual las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) asumirán “gradualmente” el control “en zonas piloto” que servirán de lanzadera para un “repliegue gradual” de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) del sur del Líbano.
“Las FDI y las FAL han acordado dos zonas iniciales, y las futuras zonas piloto también se acordarán de mutuo acuerdo. Una vez confirmado el desarme exitoso de los grupos armados no estatales y el desmantelamiento de su infraestructura en estas zonas, las FAL asumirán la responsabilidad de seguridad plena y efectiva en ellas”, detalla el texto.
Ya ayer, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, anunció que, como fruto de lo acordado, las tropas israelíes abandonarían dos zonas del sur del Líbano -una al norte y otra al sur del río Litani-, pero reiteró que no se irán hasta que Hezbolá se desarme y deje de ser una “amenaza”.
Por su parte, el diputado de Hezbolá, Hasán Fadlallah, aseguró que el pacto constituye “un regalo al enemigo israelí” por parte del Gobierno libanés y precisó que no afectará la capacidad de resistencia del grupo chií.
Punto 4
También el punto 3 dice que, solo una vez que las tropas libanesas vayan asumiendo el control, los esfuerzos de reconstrucción comenzarán con apoyo internacional y “la población civil libanesa” podrá regresar “a estas áreas bajo el control exclusivo de las autoridades estatales libanesas”, en un proceso que será vigilado por EE.UU.
El punto 4 menciona el compromiso del Gobierno libanés a ejercer “plena soberanía” sobre todo el territorio nacional y a lograr el “desarme completo” de todos los grupos armados no estatales, particularmente Hezbolá (que solo se nombra una vez en todo el documento).
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El punto 7 señala por escrito que “nada en este (acuerdo) marco” les impide a Israel o al Líbano “ejercer su derecho inherente a la autodefensa”, sin ninguna alusión directa a Hezbolá. Además, ambos gobiernos se comprometen a “establecer un grupo de coordinación militar, con el apoyo y la participación de Estados Unidos, para garantizar la aplicación general de este marco”.
Además, en los puntos 10 y 11, Washington se compromete a movilizar apoyo internacional para la reconstrucción del Líbano, incluida ayuda humanitaria, programas de recuperación económica e iniciativas de inversión. Y a su vez, acuerda “impedir que fondos destinados a la reconstrucción lleguen a grupos armados no estatales o a entidades vinculadas con ellos”.
Punto 12
Por último, el punto 12, dice que tras la firma del acuerdo, las partes crearán “grupos de trabajo para negociar un tratado integral de paz y seguridad” y que ambos gobiernos actuarán “de buena fe” hasta alcanzar “una paz plena y duradera, que brinde seguridad, estabilidad y prosperidad a los pueblos de Israel y Líbano”.
Sin embargo, esta hoja de ruta no detalla fechas, plazos, ni especifica cómo el modesto Ejército libanés, sin capacidad real para defenderse y mucho menos para atacar, va a reemplazar a Hezbolá.
