El scrolleo infinito de videos cortos y entretenidos le robó, especialmente, a los más jóvenes dentro de las comunidades indígenas, lo más valioso que tiene una persona: el tiempo. Pero además de eso, los alejó de todas las actividades de participación colectiva, transformando su cotidianidad en un aislamiento constante.
Esto ocurrió en la tierra indígena Tenondé Porã, compuesta por una veintena de pueblos guaraníes, al sur de la ciudad de São Paulo, Brasil. Era 2021 y la pandemia de Covid-19 continuaba en una fase muy dura, caracterizada principalmente por la soledad. La imposibilidad de salir fortaleció internet como una herramienta laboral y a las redes sociales como medio de difusión masivo de contenido de todo tipo.
Esa viralización descontrolada penetró en las comunidades indígenas, donde los miembros más antiguos comenzaron a manifestar su reticencia al contemplar cómo los niños y adolescentes permanecían absortos con un celular en la mano y con la noción del tiempo totalmente perdida.
Y aunque contar con una red local, en su momento, facilitó la organización de las comunidades simplificando la manera de comunicarse, se convirtió en una especie de monstruo al que debían combatir. La decisión fue radical: desconectar internet.
El nacimiento de Nhandeflix
Entendiendo que la prohibición podía generar un efecto contrario, al motivar que los jóvenes abandonaran sus tierras en busca de lugares con internet libre, la comunidad dio espacio al diálogo y la participación que permitió diseñar una herramienta que los haga apropiarse de la tecnología preservando sus más profundas raíces.
Para hacer posible este objetivo, trabajaron con Intervozes una organización de la sociedad civil brasileña y miembro de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC) que trabaja por el derecho a la comunicación; y Coolab (Laboratório de Redes Comunitárias), una cooperativa y colectivo brasileño especializado en la creación y el apoyo de redes comunitarias de telecomunicaciones.
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Sus técnicos recurrieron a un ordenador de placa única, de bajo costo y del tamaño de una tarjeta de crédito a través del cual ejecutaron un software que actuaba como un “escudo” en la red local para bloquear el acceso a sitios de apuestas, pornografía y limitar el uso de redes sociales por las noches.
Luego lo instalaron en cada aldea con una tarjeta de memoria llena de películas, documentales y podcasts guaraníes. Al conectarlo a la red local, el dispositivo funciona como un servidor de streaming (intranet) que permite a los habitantes ver contenidos propios usando la interfaz de Jellyfin, sin necesidad de consumir datos de internet ni depender de la red externa.
El nombre elegido se conforma por la voz guaraní “Nhande” que significa “nosotros” o “lo nuestro” y “flix” por el parecido de su interfaz a la popular plataforma de streaming, Netfilx.
Según Intervozes, Nhandeflix ha sido un éxito. Como sólo funciona la intranet, la atención de las personas jóvenes se dirigió hacia una tecnología digital enfocada en el modo de vida indígena, en lugar de distanciándose de él, recoge una publicación de la APC sobre esta experiencia.
Las imágenes para este material fueron obtenidas del documental Nhandeflix, dirigido por Pedro Ekman, coordinador ejecutivo de Intervozes. El material de 15 minutos está disponible en YouTube y recoge testimonios de líderes de la comunidad e integrantes de las organizaciones que hicieron posible este proyecto.
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