La crispación invade Ceuta casi un mes después de la llegada masiva de migrantes

Tiendas de campaña improvisadas que dan cobijo a mujeres y niños en el polígono industrial de El Tajaral, en Ceuta.143326+0000 ANTONIO SEMPERE

CEUTA. A punto de cumplirse un mes de la entrada de más de 70.000 personas desde Marruecos a Ceuta, los ánimos en esta ciudad autónoma española, en la que aún permanecen miles de migrantes, están cada vez más crispados y la violencia ha comenzado a entrometerse en las concentraciones que los vecinos, organizados en grupos de Whatsapp o Telegram, organizan para reivindicar soluciones.

 “La tensión se corta con un cuchillo, porque la gente está muy cansada”, comenta a EFE una joven de Huelva (sur de España) que trabaja en una cafetería del centro de Ceuta y que describe con “tristeza” cómo ha cambiado en estas semanas una ciudad que le fascinó por su multiculturalidad y la convivencia de distintos credos.

“Yo he vivido en muchos países y ciudades y no había visto nada igual”, asegura. Esa convivencia se ha resquebrajado hasta el punto de que anoche, unas 400 personas, de las miles que participaron en una concentración de ceutíes, se dirigieron a la playa del Trampolín e intentaron agredir a los migrantes que allí esperan una salida a su situación y terminaron arrojando al mar sus mantas, colchones y otras pertenencias.

Tras esos disturbios, un grupo de migrantes apedreó un vehículo con cuatro militares, que consiguieron huir con lesiones. La Policía y la Guardia Civil lograron detener a doce de ellos.

Ceutíes protestan frente al acceso campamento temporal habilitado en la explanada de Loma Colmena.

 “No es el mensaje que el pueblo de Ceuta quiere; cuando se usa la violencia, se pierde la razón”, dice a EFE Clara, una mujer de 32 años que prefiere ser identificada con este nombre ficticio y que de forma “fortuita” fue la impulsora de los grupos de Whatsapp que se han creado y que unen a los vecinos de los distintos barrios.

Grupos para “desahogarse”

Es en esos chats en los que se van proponiendo concentraciones como en la que ayer acabaron produciéndose los disturbios.

“Empecé a hacer los grupos como vía de escape, porque los ceutíes necesitamos hablar y desahogarnos. Para que si alguien necesitaba ayuda la pudiera pedir, porque los vecinos necesitamos escucharnos. Al final se corrió la voz”, explica.

Dice que “hay gente que está aprovechando para malmeter y sabotear actos pacíficos” con los que los ceutíes quieren expresar su “descontento”, añade esta mujer, hija y nieta de mujeres musulmanas. Cuenta que los ceutíes están “agotados, cansados y psicológicamente muy mal”.

“A mí me ha cambiado la vida, tengo un hijo de 3 años. Llevamos un mes sin ir a la playa, sin ir al parque porque su salud es frágil y me da pavor que contraiga alguna enfermedad”, indica.

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