Menocchio rompió el silencio desde la carcel y reveló su trama de poder y sangre en Paraguay

Desde una celda de máxima seguridad en Argentina, el temible asesino en serie “Gusano” Menocchio negó sus condenas y desnudó sus oscuros lazos con la política paraguaya, las fiestas con modelos y su escape con un millón de dólares.

Desde su encierro en la cárcel de Rawson, Argentina, el misionero Luis Raúl “Gusano” Menocchio rompió años de hermético silencio.

Condenado a dos penas de prisión perpetua por múltiples crímenes, el hombre que durante la década de los noventa y principios de los dos mil se paseó por la alta sociedad asuncena como inversionista, dio su versión sobre la sangrienta ola de muertes que dejó a su paso, sus turbios negocios en el país y la red de impunidad política que le permitió operar durante años en territorio paraguayo.

Menocchio aseguró ser víctima de una conspiración para silenciarlo y mantendrá hasta hoy su inocencia en los asesinatos del empresario de cable Eduardo Maciel y su pareja Graciela Méndez en Asunción (2004), del argentino Claudio “Tano” Nozzi (2005) y del latifundista Manuel Roseo junto a Nélida Bartolomé (2011).

“A mí me metieron en este cofre para que me quede callado. Nadie sabe la verdad. Siempre anduve en la cresta de la ola y ahora estoy pasando una temporada atípica”, afirmó en una extensa entrevista concedida a la revista argentina Anfibia. Aseguró que no le pesa la conciencia y duerme “tranquilo y sin tomar pastillas”.

Protección stronista, drogas y fiestas en Asunción

Menocchio dio detalles de su desembarco en Paraguay y cómo la protección del régimen autoritario le sirvió de trampolín para instalarse en el corazón del poder. Según sostuvo, el vínculo venía de herencia familiar, ya que su padre le habría dado refugio a Heriberta Stroessner, hermana del dictador Alfredo Stroessner, favor que le abrió de par en par las puertas de la residencia presidencial Mburuvicha Róga tras huir de Argentina.

“Allá en Paraguay lo íbamos a ver a Stroessner a la casa. Me pusieron un coronel que me cuidaba y me presentaba gente. Un ruso medio nazi que me llevaba al Club Caracol. Yo andaba tranquilo y arranqué a hacer negocios”, rememoró el condenado.

Su auge económico lo convirtió en el “niño de oro” de la noche capitalina, financiado a través de negocios en el rubro de la televisión por cable. El propio Menocchio presumió del nivel de decadencia y desenfreno que organizaba para la clase política paraguaya.

“Eran las fiestas más famosas del país. Iban todos los políticos pesados. Traía modelos de todos los colores que llegaban en helicóptero, envueltas en mil rosas. Lo que la gente de mucho dinero no podía hacer en su vida, venía a mi casa y lo hacía. Y en el medio todos hacíamos negocios”, reveló.

Sin embargo, su imperio de impunidad colapsó cuando perdió a sus protectores políticos tras ser procesado por piratería de señales y venta fraudulenta de sus empresas.

Su escape por Clorinda con un millón de dólares

Sobre su llamativa desaparición y posterior asesinato de Eduardo Maciel y Graciela Méndez en el año 2004, caso por el cual nunca pudo ser juzgado en Paraguay tras darse a la fuga, “El Gusano” negó su autoría y acusó a las autoridades judiciales paraguayas de haber cobrado para incriminarlo y despojarlo de sus bienes.

Según su versión de la historia, la misma noche del crimen conoció a Maciel en un bar llamado Puerto Madero, ubicado sobre las calles Palma y Colón de Asunción, donde jugaron al pool y le entregó un reloj Rolex como garantía tras perder una apuesta.

Menocchio admitió que logró eludir a la justicia paraguaya gracias a un “soplo” de las propias autoridades. “El fiscal le dijo a mi abogado: ‘que se vaya Menocchio porque hay orden de matarlo’. Si me metían preso terminaba muerto”, sostuvo.

Su escape hacia Argentina, según narró, pareciera sacada de una película. “Me fui con una mochila al hombro que adentro tenía un millón de dólares. Llegué hasta la pasarela de Clorinda, en el río Pilcomayo, y crucé en una balsa de contrabando hormiga que llevaba verduras. En Argentina me subí a un colectivo y me fui a la casa del Tano Nozzi a empezar una nueva vida”, relató.

Tras su huida, se sometió a cirugías estéticas en el rostro y adoptó la identidad falsa de Hugo Jara para continuar su marcha criminal.

Reveló secretos en negocios cómo La Fidelidad y crímenes de Nozzi y Roseo

Pocos meses después de su fuga, en marzo de 2005, el cuerpo de su amigo Claudio Nozzi apareció encadenado, con anclas y acribillado en las aguas del río Paraná, caso por el cual el misionero terminó acorralado por las pruebas de luminol en su yate. Pese a las evidencias, tildó el caso como un “mordisco policial” y adujo que la sangre hallada pertenecía a “pesca deportiva”.

Años más tarde, en 2011, perpetró la masacre de Manuel Roseo y su cuñada para apoderarse fraudulentamente de “La Fidelidad”, una estancia de 150.000 hectáreas en el Impenetrable chaqueño valuada en cientos de millones de dólares.

Sobre la transacción, Menocchio insistió en que pagó 40 millones de dólares en efectivo al anciano antes de su tortura y asesinato.

En su delirio acusatorio, involucró a exgobernadores de la provincia del Chaco y juró que sigue siendo el legítimo dueño del predio expropiado: “Esa tierra es mía, la compré yo”.

Lo
más leído
del día