La astronómica cifra de 40.000 millones de libras (48.000 millones de euros) que costaría esa reforma, más el tiempo que se necesitará para llevarla a cabo, estimado en décadas, ha convertido el tema en un asunto espinoso que se posterga una y otra vez, a falta de saber qué organismo se haría cargo de la factura.
LONDRES. La alusión a Notre Dame, cuya techumbre se incendió en 2019 y el mundo entero pudo ver su torre desmoronándose en directo, procede de Sir Geoffrey Clifton-Brown, presidente del comité encargado de estudiar la reforma.
Conducciones eléctricas averiadas, problemas mecánicos, falta de protección específica contra incendios o la presencia masiva de amianto están entre los principales problemas identificados por el comité. Clifton-Brown dijo que el riesgo de incendio es tan alto que obliga a mantener una patrulla de bomberos ininterrumpidamente disponible para enfrentarse a esa eventualidad.
En este momento, el mantenimiento de todo este complejo que incluye la célebre torre del Big Ben, más las constantes reparaciones puntuales, cuestan un millón y medio de libras (1,8 millones de euros) por semana, con previsión de que suba a 2 millones por semana en el próximo lustro.
Otro de los problemas que frena la urgente reforma de todo el complejo -que es en su mayor parte una obra del siglo XIX, tras otro incendio en ese siglo que destruyó la mayoría de la estructura- es el de la propia actividad parlamentaria cuando comiencen las obras.
Sobre la mesa hay tres opciones: desalojo total de todo el complejo, que sería óptima desde el punto de vista arquitectónico y funcional, pero fatal desde la perspectiva política; desalojo parcial, que duplicaría el tiempo necesario para las reformas, y la simple ejecución de ‘parches’ que es la que por defecto se está aplicando.