Pompeya: los hallazgos que demuestran que los romanos ya tenían carteles de “Cuidado con el perro”

Casa del Criptoportico - Cave Canem (Cuidado con el perro) en el antiguo sitio romano de Pompeya.History Skills

En las entrañas de Pompeya, un antiguo mosaico con la advertencia “CAVE CANEM” revela cómo hace dos mil años los romanos ya comprendían la dualidad del perro: guardián y símbolo, reflejando una compleja interacción entre seguridad y estética en su vida cotidiana.

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En el suelo de una entrada doméstica en Pompeya, un perro negro de mirada alerta muestra los colmillos. Bajo su figura, un mensaje breve en latín advierte al visitante: “CAVE CANEM”. Dos mil años antes de los actuales carteles metálicos colgados en rejas y jardines, los romanos ya prevenían a extraños con el equivalente exacto a un “Cuidado con el perro”.

Los célebres mosaicos hallados en Pompeya —y en otras ciudades sepultadas por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era— se han convertido en una de las pruebas más citadas de hasta qué punto la vida cotidiana romana se parece a la nuestra.

Lejos de ser una anécdota curiosa, estos avisos revelan una cultura urbana que conocía bien la importancia de la propiedad privada, la seguridad doméstica… y el papel del perro como guardián de la casa.

El mosaico más famoso: la Casa del Poeta Trágico

El ejemplo más icónico se encuentra en la llamada Casa del Poeta Trágico, una domus pompeyana célebre por la calidad de sus decoraciones.

Casa del Criptoportico - Cave Canem (Cuidado con el perro) en el antiguo sitio romano de Pompeya.

Justo en el vestíbulo, a la entrada, el visitante se encontraba con un mosaico de teselas blancas y negras: un perro encadenado, de cuerpo tenso, parece abalanzarse hacia quien cruza el umbral. Debajo, en letras claras, la advertencia: CAVE CANEM.

Este pavimento funcionaba a la vez como pieza decorativa y como mensaje práctico.

A diferencia de los discretos carteles modernos, el aviso romano ocupaba el lugar central de la entrada, visible e integrado en el programa artístico de la casa.

No se trataba solo de advertir: también era una declaración visual de estatus, de cuidado estético y, probablemente, de orgullo por el animal.

No era un caso aislado: otros “Cave canem” en Pompeya y Herculano

El hallazgo de la Casa del Poeta Trágico no es único. En distintas campañas de excavación se han identificado varios mosaicos y representaciones de perros guardianes acompañados —o no— de la leyenda Cave canem.

Cave Canem, mosaico en Pompeya.

En algunas viviendas aparece únicamente el perro, sin texto, pero con una iconografía que no deja lugar a dudas: animales atados con cadenas, en posición de alerta, claramente dispuestos a impedir el paso o avisar de intrusos.

En otros casos, la inscripción puede variar o abreviarse, pero la idea de advertencia se mantiene.

Este inquietante fresco fue fotografiado en las ruinas de Pompeya. La pintura muestra a un feroz perro guardián, atado y alerta, advirtiendo a los intrusos con la ya icónica inscripción “CAVE CANEM” — “Cuidado con el perro”.

Estos motivos no se limitaron a Pompeya. En Herculano y en otras zonas del mundo romano han aparecido pavimentos y frescos similares, confirmando que advertir por escrito o por imagen de la presencia de un perro era una práctica extendida, no una rareza local.

¿Advertencia real o gesto decorativo?

El debate entre los especialistas se centra en si estos mosaicos debían tomarse al pie de la letra —es decir, si realmente había un perro peligroso al otro lado del umbral— o si en algunos casos se trataba de un motivo más simbólico que literal.

Hay indicios para ambas cosas. Por un lado, las fuentes literarias romanas mencionan con frecuencia el uso de perros como guardias. Textos de autores como Varrón o Columela, dedicados a la agricultura y la vida rural, describen perros de vigilancia para casas y villas.

La función del perro como guardián estaba plenamente asentada en la mentalidad romana.

Por otro lado, el refinamiento estético de estos mosaicos y su ubicación en viviendas de cierto nivel económico sugieren que la imagen del perro guardián también podía funcionar como símbolo protector, casi como un talismán visual, aunque el animal real fuese más dócil o incluso inexistente.

El perro, en la cultura romana, se movía entre lo práctico y lo simbólico: guardián, compañero de caza, pero también figura asociada a la lealtad y, en algunos contextos, al más allá.

Un latín directo y sorprendentemente familiar

El éxito contemporáneo de la inscripción Cave canem se debe en parte a su claridad lingüística. En solo dos palabras, el latín comunica un mensaje que cualquiera puede reconocer, incluso sin formación clásica:

  • Cave: imperativo de “cavēre”, “tener cuidado”, “evitar”, “estar atento”.
  • Canem: acusativo de “canis”, “perro”.

Literalmente: “Cuidate del perro”.

La fórmula es tan directa como los actuales “Cuidado con el perro” o “Cuidado, perro bravo”. La continuidad no es casual: refleja que ciertas necesidades sociales —proteger el hogar, advertir a desconocidos, establecer límites— apenas han cambiado en dos milenios.

Cambia el material (mosaico frente a chapa galvanizada, fresco frente a vinilo), pero el mensaje se mantiene.

Perros romanos: guardianes, compañeros y símbolos

Los restos arqueozoológicos hallados en Pompeya confirman la presencia abundante de perros de distintos tamaños y tipos.

Algunos esqueletos encontrados en las capas de ceniza muestran animales con collares, lo que indica que gozaban de cierto cuidado y pertenencia clara a un hogar.

El perro tenía múltiples funciones:

  • Guardia y vigilancia de casas y talleres.
  • Compañía en la vida cotidiana, tanto en entornos urbanos como rurales.
  • Caza y tareas específicas en villas agrícolas.
  • Simbolismo religioso y funerario, en ocasiones vinculado a la protección del difunto o al tránsito al más allá.

Los mosaicos y frescos de Pompeya representan perros tanto en escenas domésticas como cinegéticas, lo que sugiere una convivencia estrecha entre humanos y canes.

El propio “cartel” Cave canem se sitúa en esa intersección: el perro es herramienta de seguridad, pero también icono visual que forma parte de la identidad de la casa.

De Pompeya a las puertas modernas

Hoy, reproducciones del famoso mosaico de la Casa del Poeta Trágico se venden en tiendas de museos, se cuelgan en recibidores contemporáneos e incluso se imprimen en alfombrillas de entrada.

El mensaje, que nació como una advertencia práctica, se ha convertido en motivo decorativo cargado de ironía: muchos hogares sin perro real exhiben igualmente su Cave canem.

Los descubrimientos de Pompeya han alimentado durante décadas la sensación de estar ante una ciudad “detenida en el tiempo”. Entre termopolios, grafitis amorosos y panes carbonizados en hornos, los mosaicos de Cave canem ocupan un lugar especial porque condensan en dos palabras un puente entre épocas.

Hoy, al leer “Cuidado con el perro” en una verja de barrio, el eco de ese antiguo Cave canem sigue resonando, discreto pero inconfundible, desde los suelos de Pompeya hasta nuestras puertas modernas.

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